Policías que abrieron camino: de combatir a ETA a la ‘Nécora’
Los exagentes Martín Fernández Barciela y Francisco Martínez pertenecen a una generación pionera de la Comisaría de Vigo. Estrenaron grupos: el de drogas, menores o investigación, participando en casos como el cuádruple crimen de Nigrán o el del parricida de Gondomar
“Buenas noches, tenemos órdenes de llevarte a Comisaría, el jefe quiere hablar contigo, ¿vas armado?. Me contestó que no, pero al meterle la mano por detrás le encontré un revólver y se lo quité. Le dije , ‘¿eres tonto, vas a ir bien o no?’. Martín Fernández Barciela recuerda tres décadas después, con todo detalle, cómo detuvo al que fuera su compañero en la Policía, Manuel Lorenzo, por el cuádruple crimen de Nigrán, el asesinato de un empresario granitero, su mujer, su hija y la empleada de hogar. Este exagente pertenece a una generación pionera de policías que estrenaron en Vigo grupos como los de drogas, menores o investigación.
Ahora ya jubilado, recuerda aquel arresto como un momento especialmente tenso. “Mi compañero y yo íbamos con un coche de paisano, un Ford Fiesta. Después de quitarle el arma, Lorenzo respiró profundamente y dijo: ‘Tranquilos que voy’, le contesté: ‘¿Vas como un profesional o como un chorizo?’ y entonces subió al vehículo, no lo esposamos y yo bloqueé las puertas. Él iba atrás con mi compañero y yo cogí nuestras pistolas y su revólver y los metí debajo de mi alfombrilla, la del conductor, para evitar problemas en el trayecto. Dentro, Lorenzo volvió a respirar, preguntó si sabíamos qué quería el jefe y luego señaló ‘vale, perfecto ya sé de qué va el tema’”.
La historia termina en López Mora. “Cuando llegué a la puerta de Comisaría, funcionarios que no participaron en el arresto, se llevaron a Lorenzo”, cuenta. Aquella actuación tuvo condecoración, pero no para Barciela y su compañero.
Este expolicía es de una de las promociones con un primer destino obligado, el País Vasco, y la lucha contra ETA. “Fue nuestra prueba de fuego, éramos muy jóvenes. Todavía recuerdo el olor de la sangre quemada tras un atentado”.
Francisco Martínez estuvo en Seguridad Ciudadana pero después entró a formar parte del Grume (Menores) la antesala de lo que hoy en día es la UFAM (Unidad de Atención a la Familia y Mujer), fue el segundo grupo creado en España. Uno de sus primeros casos, allá por principios de los 90, fue el rescate de unos niños secuestrados por su padre. Lograron localizarle en Génova y traer a los pequeños. Pero dice que uno de los que más le marcó fue el del vecino de Gondomar que gaseó a sus dos hijas de 2 y 3 años, tras huir con ellas a Portugal. “Fue un trabajo muy duro”, dice. También explica que “una de las grandes tareas del Grume fue la de convencer a profesores y padres de que estábamos en el mismo bando y que nuestra única misión era ayudarlos. Al principio, los directores de los centros ni nos recibían pero con trabajo y tesón después nos llamaban ellos”. Su labor continuó hasta la actual unidad, velando por las víctimas de violencia de género, como un ángel custodio.
Él también pasó por el País Vasco, como Martín, con quien coincidió en la academia. Y si uno fue pionero en la unidad de menores y luego de violencia contra la mujer, el otro estrenó el grupo de drogas, en una época dura de la generación perdida. “Era una época de cinco atracos por día, era una locura. De hecho nosotros vivimos el inicio de Érguete, de las madres de la droga, cuando solo eran cinco o seis mujeres que peleaban contra los que suministraban la droga”.
Ambos señalan cómo trabajaban junto con el grupo de atracos, que en ese momento era el mejor de España y cómo participaron en la ‘Nécora’, porque “en operativos así al final todo el personal colaboraba”. Martín, al estar en el grupo de drogas, llegó a viajar a Madrid con “el vehículo cargado, con los detenidos atrás y sacos llenos de billetes” y conocer de cerca a Garzón. Desde ese grupo, “hice un curso de tres meses de investigación y fui a la Policía Judicial”. Así, durante finales de los 90, estuvo en la investigación de varios crímenes que marcaron la historia negra de Vigo, como el de las famosas bolsas-bomba, en Cabral y Redondela o el citado de Nigrán, entre otros.
Francisco y Martín son solo dos de los muchos de policías que abrieron camino en la Comisaría de Vigo y que ahora, desde el sindicato Jupol, reivindican el papel de todos ellos, la gran mayoría sin reconocimiento oficial, con solo un diploma “que les dio un administrativo” al jubilarse a pesar de toda una vida al servicio de la ciudadanía.
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