La Policía de Vigo realiza unas 1.500 entrevistas de asilo al año: “Vienen desesperados”
La Brigada de Extranjería y Fronteras de la Comisaría, a través de sus diferentes unidades, tramita peticiones de protección internacional de inmigrantes de todo el mundo, desde Palestina a Sudamérica, y lucha contra las mafias de explotación
Trabajan de paisano, en un entorno acondicionado y seguro incluso con sala para niños. Cuentan con un servicio de traductores que se extiende a lenguas que, como en África, no son ni siquiera reconocidas como dialectos, y son capaces de conseguir que personas que llegan a Vigo huyendo de la persecución de su país se sientan seguras. Son los miembros de la unidad de la Brigada de Extranjería y Fronteras de la Comisaría de Vigo que se encargan de la tramitación de las peticiones de protección internacional y que cada año realizan una media de entre 1.200 y 1.500 entrevistas a inmigrantes llegados de todas las partes del mundo.
“Son entrevistas muy duras y sensibles, son personas que vienen desesperadas y con miedo”, explica el inspector Sergio. La labor de esta unidad, muy desconocida, traspasa las fronteras de un simple despacho. “Una cosa es contarlo y otra muy diferente escuchar los relatos en primera persona”, añade el subinspector Ricardo. Ambos cuentan con una formación específica, en constante actualización, y con años de experiencia también fuera de Vigo, mano a mano con los inmigrantes que llegan en patera, incluso llegando a “rescatar cadáveres del agua”.
Aunque la mayoría de extranjeros que solicita asilo procede de Sudamérica, por el idioma, aseguran que “tenemos peticiones de muy diferentes lugares desde África a Palestina, Rusia, Armenia…”. El primer contacto siempre es con la Policía, “hacerles ver que están en una zona segura es complicado, porque desconfían; creen que si hablan de más pueden perjudicar a sus familias que siguen en el país o que pueden ser detenidos”, relata el inspector. Explica que una vez que inician la petición no pueden ser expulsados del país hasta que haya una resolución y que esas conversaciones son “totalmente confidenciales”. Esta unidad ha tenido que ir adaptándose a las distintas avalanchas tras la guerra en Ucrania o los desplazados de Afganistán y ahora todavía siguen teniendo un importante volumen de peticiones, principalmente de ciudadanos de Venezuela. “La inmensa mayoría viene con un primer objetivo: poder trabajar y te preguntan cuándo podrán hacerlo”.
Una vez completan toda la información, se remite a la Oficina de Asilo y Refugio, encargada de resolver, algo que puede tardar entre seis meses y un año o alargarse hasta los cinco, en función de los recursos. “Habitualmente, las entrevistas sencillas sin vinculaciones personales se prolongan durante una hora y media, pero si son complejas pueden llegar a las cuatro horas y pueden pararse en caso necesario”, afirma el subinspector. “Cuando salen de aquí, algunos se sorprenden de poder ir por la calle hablando con el teléfono móvil o de que no haya verjas en las ventanas”. Junto a la persecución política y religiosa está la sexual, algo más frecuente en los ciudadanos de los países de origen árabe y también, la violencia de género.
Además de las peticiones de asilo, la unidad se encarga de tramitar los expedientes sancionadores de la Ley de Extranjería y el control de los condenados en prisión que puedan ser susceptibles de expulsión, escoltando en caso necesario en el viaje hasta la llegada a su país. Estos agentes conforman una parte de la Brigada de Extranjería que se complementa con la dedicada a la investigación y lucha contra las redes de explotación y trata. “Cuando son captados por mafias para salir de su país, se produce una doble victimización”, explican.
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