La playa canina resiste en verano
Los usuarios de A Calzoa y A Foz defienden la convivencia animal frente a los ecologistas que se oponen
Con la llegada del verano, las playas de A Calzoa y A Foz vuelven a ser los únicos arenales habilitados por el Concello de Vigo para el acceso de perros durante la temporada de baño. Desde 2018, ambos espacios concentran a decenas de propietarios de mascotas en una ciudad donde el número de perros no deja de crecer.
Sin embargo, el uso de este espacio continúa generando debate. En los últimos años, asociaciones ecologistas y científicos han alertado del progresivo deterioro de la biodiversidad del entorno. Desde la asociación ZOA advierten que “los daños ecológicos se han sucedido sin freno y la situación es insostenible”.
A pesar de ello, la imagen que describen los propietarios de los perros dista de esa percepción. La mayoría asegura que la convivencia entre animales y usuarios es buena y que apenas se producen incidentes. “Nunca hemos tenido altercados”, explica Ana María Pereira junto a su marido, mientras que Xabier Oliveira, que acude desde Ponteareas desde hace tres años, afirma que jamás ha presenciado problemas y considera que “es peor la congregación de mucho humano que la de los perros”. Los usuarios coinciden, además, en reclamar la apertura de más playas caninas en Vigo y apelan a la responsabilidad de los dueños para mantener estos espacios en buen estado.
No obstante, el uso del arenal está sujeto a una delimitación que continúa generando dudas entre algunos visitantes. Aunque popularmente todo el entorno se conoce como A Calzoa, el Concello solo permite la presencia de perros en una parte de este arenal y en los 320 metros de la playa de A Foz, situada en el margen izquierdo de la desembocadura del río Lagares.
La señalización instalada en los accesos hace ahora más visible esta separación, aunque los usuarios habituales aseguran que las limitaciones llevan años aplicándose. Desde hace tiempo, quienes acuden con sus mascotas deben acceder por el sendero situado detrás de las dunas y evitar tanto la rampa principal como la zona de A Calzoa reservada para los bañistas, pese a que ambas áreas apenas estén separadas por unos metros.
“Yo siempre he tenido que llevar a mi perro por detrás de las dunas y muchas veces me ha tocado avisar a la gente porque, si no, luego los vecinos se quejan”, asegura Carles, vecino de Vigo.
Esa delimitación sigue sorprendiendo a quienes visitan la playa por primera vez. “Pensábamos que toda la playa era para perros, aunque luego el cartel indique que solo puede accederse a una parte”, explica una pareja llegada desde Cáceres. En la misma línea, Cristina Taoada considera que el ambiente es “muy respetuoso”, aunque cree que todavía queda margen para mejorar el mantenimiento del espacio.
A las críticas ecologistas se suman también algunas quejas vecinales relacionadas con la convivencia durante los meses de verano. Mientras unos defienden ampliar el número de playas caninas para reducir la concentración de usuarios, otros cuestionan el impacto que esta actividad tiene sobre un entorno de alto valor ambiental.
Pese a ello, tanto A Calzoa como A Foz mantienen la calificación sanitaria de “excelente”, según los datos municipales de 2023. Paralelamente, el Concello de Vigo está ejecutando una actuación de 7.200 euros para la recuperación y protección de las dunas de A Calzoa, O Vao y A Foz, con el objetivo de conservar uno de los sistemas dunares del litoral vigués.
Las familias reclaman más espacios para sus animales
Los animales de compañía han dejado de ocupar un lugar secundario en muchos hogares para convertirse en un miembro más de la familia. Los datos lo reflejan con claridad: en España ya hay 7,56 millones de perros registrados, prácticamente los mismos que menores de 16 años, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Además, la tenencia de mascotas ha crecido un 14,1 % en los últimos cinco años.
Esta petición para más espacios para los nuevos miembros de las familias llega a las playas: en Vigo, solo A Calzoa y A Foz cumplen esta función desde 2018, una oferta insuficiente para casi 50.000 perros.
Esta reivindicación no implica para ellos ignorar las normas de limpieza y convivencia de los litorales. La mayoría de propietarios coincide en que el buen funcionamiento de estas playas depende del comportamiento de quienes las utilizan.
Pese a ello, son muchos los que se oponen a la apertura de espacios a los animales por los restos fecales, comportamientos impredecibles y cómo en este caso, en el que asociaciones como ZOA denuncian como comportamientos como la persecución de aves pueden afectar en la migración de las mismas y a la biodiversidad.
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