Un vidente vigués colaboró con la Guardia Civil para buscar pistas

Pese a no existir la figura del asesor parapsicólogo, la crónica negra recoge casos de colaboración de videntes en investigaciones

Publicado: 12 may 2024 - 06:30 Actualizado: 12 may 2024 - 11:06
José San Román quiere lanzar un mensaje de apoyo a las personas como él.
José San Román quiere lanzar un mensaje de apoyo a las personas como él.

La desesperación es el caldo del cultivo perfecto para los estafadores y, en las familias de víctimas de hechos violentos, hay mucha desesperación. La cautela ante el efecto llamada de supuestos videntes que se ofrecen a colaborar hace que la Policía o Guardia Civil rechace la gran mayoría de propuestas a las que no suele dar crédito y sobre las que sobrevuela la sospecha del enriquecimiento económico o la búsqueda de popularidad.

Sin embargo, ha habido excepciones. Aunque en España no existe la llamada figura del asesor parapsicólogo, popular en algunas series policiales de televisión, la crónica negra recoge casos en los que los investigadores han llegado a echar mano de videntes. En otros países, como Reino Unido, la Policía llegó a suscribir un documento en el que se aconsejaba que antes de desechar las informaciones de mediums habría que valorarlas, mientras que en otros lugares se usan en interrogatorios con sospechosos supersticiosos. Hubo participación de videntes en la búsqueda de Madeleine McCain o Marta del Castillo, sin mucho éxito.

En Vigo, también se tiene constancia de propuestas similares. A familias de víctimas, muchas y, a la Policía, algunas. Un antiguo agente de Comisaría relataba cómo en el pasado sí se había llegado a tener en cuenta algunos datos aportados aunque de forma muy “excepcional”. En la actualidad, esto ya no ocurre, aunque hay quien piensa que no cuesta nada comprobarlo.

La Guardia Civil lo sabe muy bien. En 1994, el hallazgo del cadáver de una mujer en A Estrada, rodeada de velas conmocionó a la provincia. No se había podido identificar a la víctima y las primeras hipótesis apuntaban a algún tipo de ceremonia macabra. Mercedes López Martínez, una vecina de Pontevedra, conocida por sus habilidades esotéricas, decidió realizar una sesión de ouija, con otras personas e invocar a la víctima. De allí salíó un nombre, Rosa, y detalles como que no había sido asesinada allí ni en un ritual sino la trasladaron. A mayores, aportó un número de teléfono que se correspondía con el de un club del país vecino. La resolución del caso y la detención de los autores corroboró las predicciones. Así lo recuerda el periodista Carlos Fernández, que cubrió la noticia y entrevistó a Mercedes. “Ella lo hizo porque le preguntaron si pensaba que realmente era un crimen ritual, y los datos fueron muy coincidentes”.

“Llegas a pensar si lo que ves es una bendición o una maldición”

Desde muy niño veía cosas que ni se cuestionaba ni sabía gestionar. El vigués José Sanromán, de 62 años, reconoce que tardó en darse cuenta de que tenía ciertas habilidades mentales, sentía y tenía percepciones de situaciones pasadas y futuras. Sin embargo, lo tuvo oculto durante mucho tiempo. “Temes que te tachen de loco o mentiroso", explica. Sin embargo, animado por el arqueólogo Pablo Novoa, comenzó a utilizar sus aptitudes en la búsqueda de petroglifos, con el hallazgo en solo un año de más de 900. A partir de ahí, Sanromán pensó que debía dejar de esconderse y “ayudar a otras personas que están en mi situación, que piensen que les ocurre a más personas y que no tengan miedo, sino que lo mejor es que lo gestionen para ayudarles en su día a día”.

Pero este vigués, que trabaja como electricista y fontanero, pensó en que podía ayudar en la búsqueda de desaparecidos , “aunque hay gente que me ha dicho que me dedique a esto, yo no quiero, mi única intención es colaborar en lo que sea posible”.

En 2007, acudió a dar una conferencia en la isla de La Palma y allí acabó colaborando con la Guardia Civil en la búsqueda de un hombre que había desaparecido. Con una serie de mapas, comenzó a pasar la mano y a “sentir sensaciones”. Marcó un lugar, describió la ropa de esta persona que sintió que estaba muerta, por un golpe en la cabeza. El cuerpo fue localizado cerca de donde él señaló.

Antes, ya había tenido distintas visiones sobre casos que le marcaron pero nunca se atrevió a llamar a la Policía, “tenía miedo de que pensaran que yo tenía algo que ver o que era un estafador, llegas a pensar si lo que ves es una bendición o una maldición”.

Le ocurrió en 2004, con el crimen de la joven de As Neves Sara Alonso. Él le dijo a una amiga que su cuerpo estaba en Cabo Estai, precisamente donde apareció. También le llegaron imágenes de Anabel Segura, una chica que fue secuestrada en Madrid. “Sabía que había sido secuestrada por dos hombres y una mujer y, enterrada en una nave más abajo de la Comunidad de Madrid”. De igual forma, le pasó con el niño Manuel Brión, hallado muerto en el Barbanza o con la desaparición de Déborah, “fue un caso que me impacta mucho”.

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