Pintadas en el centro amargan a vecinos y comerciantes

Firmas y seudónimos a spray invaden las fachadas cada fin de semana, ligados al ocio nocturno y la llegada de crews de otras ciudades

La Ronda de Don Bosco es el kilómetro cero del vandalismo con grafiti. Arriba, la fachada del antiguo Centro de Mayores de Afundación, convertido en un mural gigante.
La Ronda de Don Bosco es el kilómetro cero del vandalismo con grafiti. Arriba, la fachada del antiguo Centro de Mayores de Afundación, convertido en un mural gigante. | JV Landín

“Es muy grave, porque quitar la pintura de la piedra es muy complicado”. Elvira Rosario, de la floristería La Camelia, en Ronda de Don Bosco, es una de las afectadas con la intervención de las fachadas del barrio con pintadas. Vecinos y comerciantes de la zona vinculan la acción con el ocio nocturno que sufren desde hace años. “Los viernes y sábados es habitual que aparezca todo vandalizado. A nosotros nos firmaron hasta la parte superior de la puerta; no sé ni como lo hicieron, subidos a una escalera o a caballito”, añade la florista. Afirma que cuando se llene de paciencia intentará limpiar el escaparate con alcohol. “Si vandalizan las puertas o los cristales, la restauración depende de los propietarios; antes del Concello se encargaba de las paredes de piedra, ahora ya ni eso”, apunta Manuel Rosario, gerente del establecimiento.

Los tags (rúbricas estilizadas), Throw-up (firmas con letras abombadas) o Wildstyle (nombres con líneas entrelazadas), junto a complementos gráficos invaden los muros de edificios, sin discriminar entre viviendas, negocios o inmuebles históricos como la antigua sede del Centro de Maiores de Afundación, perteneciente a la Obra Social de Abanca. Íntegramente de granito, acumula buena parte de las intervenciones que se superponen sin dejar apenas espacio libre. Desde la entidad aseguran que su intención es adecentarlo cuanto antes. Tampoco se libra el Museo de Arte Contemporáneo (Marco), propiedad del Concello y bien patrimonial. El mal estado de conservación exterior se incrementa con las pintadas.

Elvira Rosario muestra las pintadas en su floristería, que afectan tanto al escaparate como a la pared de piedra e incluso a lo alto de la puerta.
Elvira Rosario muestra las pintadas en su floristería, que afectan tanto al escaparate como a la pared de piedra e incluso a lo alto de la puerta. | JV Landín

Iniciativas como el programa municipal “Vigo cidade de cor” contribuyeron a blanquear la imagen de los grafiteros, valorando su carácter artístico. Sin embargo, con actuaciones clandestinas en el espacio urbano cada vez más frecuentes, localizadas en el centro o en el entorno de la Cidade da Xustiza, revivan la vinculación popular con el vandalismo.

La contratación de artistas urbanos para decorar verjas de negocios y fachadas de comercios es la solución más habitual a nivel particular. El respeto de las obras firmadas es una ley no escrita en las intervenciones. Consultada la comunidad local, distingue las rúbricas de crews de otras localidades que se trasladan a la ciudad durante los festivales o para acudir a determinados conciertos. Fuentes de los colectivos vigueses, atribuyen la mayoría de las pintadas a gente de fuera, ya que afirman, “aquí ya tenemos espacios fijos para pintar que no generan polémica”. Con todo, no descartan la participación de “chavalada” local en alguna de estas acciones.

Mientras, los responsables de los establecimientos afectados piden una mayor presencia de la Policía y más vigilancia. También en Ronda de Don Bosco, desde el negocio de paquetería, situado en la zona cero, en la confluencia con Lóriga, remitieron en varias ocasiones sus quejas al Concello. Ante la falta de respuesta, acudieron a la Valedora do Pobo, que afirmó trasladar el informe. La única edificación que mantiene la mayoría de su fachada sin firmas acaba de costear una limpieza de los bajos comerciales y del portal, aunque temen que durará poco.

Hasta 2.000 euros por limpiar paredes de piedra

Patricia señala la fachada vandalizada de su negocio.
Patricia señala la fachada vandalizada de su negocio. | JV Landín

“Yo no le echo la culpa a la discoteca, no es responsable de lo que hacen una vez fuera del establecimiento; se la echo a la Policía que debería controlar la zona. Los fines de semana la calle es intransitable, hacen botellón y lo dejan todo lleno de botellas. El sábado por la mañana puedo servir chupitos desde mi local porque me echan todo por la verja”. Patricia regenta la mercería Saldaña y asegura estar cansada de quejarse. “Nadie hace nada y no podemos pagar constantemente la limpieza de la piedra, que necesita un tratamiento especial”. Afirma que dejará la fachada como está, con más de cuatro tags de distintos colores. “Quitar las pintadas puede costar hasta 2.000 euros, no es fácil y tienen que hacerlo a presión empresas especialistas”, apunta. 

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