“Aquello pasó desapercibido, pero pronto tuvo relevancia"
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El cambio al frente de Galicia a finales de los sesenta comenzó a notarse con fuerza en los setenta, cuando Vigo se reivindicó
¿Pero qué significaba -y significa- ser la mayor ciudad gallega? Nada -porque no es un título ni permite ninguna ventaja económica o fiscal o política- y mucho, por cuanto supone. El exalcalde más veterano, Manuel Soto, que rigió la ciudad 12 años desde 1979 a 1991, llegó al consistorio en pleno desarrollismo, cuando Coia tenía una década de vida y estaba casi todo por hacer. Confirma que “En el primer momento pasó desapercibido, luego cogió fuerza porque dio enorme relevancia en Galicia. Vigo crecía a toda velocidad y costaba digerirlo todo, como pasaba entonces con Coia, que tenía diez años de vida -cuando llegó a la Alcaldía- pero bien está”, sentencia. Su inmediato sucesor, Carlos Príncipe, era un adolescente cuando se produjo el relevo al frente de Galicia y coincide en que no hubo grandes titulares. Tiene su propia teoría de por qué no tuvo una repercusión especial. “Hace 50 años los vigueses estaban tan preocupado por trabajar y por sacar adelante a su ciudad que no valoraban históricamente la influencia de convertirse en la ciudad más grande de Galicia. Porque además era evidente que Vigo era el futuro y Coruña se quedaba atrás, venía por delante el complejo del automóvil que se implanta en los cincuenta y madura en los sesenta”, explica.
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