Pareja en la vida real y en el escenario
Judith Tobella y Manu Pilas llevan diez años juntos y protagonizan desde hace dos el musical “El fantasma de la ópera” que llega a Vigo del 11 al 22 de junio como Christine y el propio fantasma
“El fantasma de la ópera” se despide este mes de Madrid después de más de dos años en cartelera e inicia una gira que traerá esta superproducción al Auditorio Mar de Vigo entre el 19 y el 22 de junio. Ayer se presentó en Madrid el elenco principal que representará en Beiramar este espectáculo de Andrew Lloyd Webber. Encabezan el reparto una pareja que conviven dentro y fuera del teatro, Judith Tobella y Manu Pilas, que aseguran pararse cada día y decirse a sí mismos, “estamos representando al fantasma y a Christine, juntos”. Ya que tal y como explicó Pilas en declaraciones a Atlántico, “es todo un privilegio que con la rutina del día a día, a veces se nos olvida”.
Acompañados por un 25 actores más y quince músicos sobre el escenario, ponen en escena uno de las obras más ambiciosas del género. Sin embargo, comentan con humor que lo que más practican es el beso. “Judith no me besaba como lo hace normalmente”.
Judith Tobella, interpreta a Christine Daaé: “Christine y yo somos muy blancas, inocentes, pero con una fortaleza interior”
Judith Tobella (Barcelona, 1991) regresó a los musicales con el personaje que siempre había soñado. En la versión española, representa una Christine con una personalidad propia y empoderada, que sobresale de la sombra del fantasma.
¿Qué destacaría de su personaje?
Ella siente lealtad por el fantasma porque entiende que es el ángel de música que su padre al morir le prometió que le mandaría para que la guiase. El fantasma se obsesiona con ella y al mismo tiempo aparece Raúl, un amigo de la infancia del que se enamora. Ya tenemos el triángulo amoroso. Además, hay un conflicto con los trabajadores de la ópera y el fantasma que cree que ocupan su espacio. Ponen a Christine en el centro del problema. Ella es un personaje que tiene una gran presión encima y que hace un viaje emocional brutal, muy intenso. Se siente responsable y la vemos madurar bajo unas circunstancias estrambóticas.
¿Cuál es el momento más complicado al que se enfrenta en toda la función?
Para mí, el momento más difícil es la primera canción de Christine, “Think of me”. Es apenas a los cinco minutos de comenzar el show y tengo que ponerme de cero a cien en un minuto, colocarme y llegar a los agudos del tema. Es una interpretación que me produce una gran tensión. Luego todo rueda más fácilmente.
¿Cómo se prepara para cada función?
Llegamos una hora y media antes para el calentamiento físico, diez minutos de calentamiento vocal que se suman a los que yo hago antes. Luego la directora nos da unas notas y pasamos como una hora para la preparación de maquillaje, peluquería y vestuario.
¿Sigue alguna disciplina mientras dura la temporada?
Cien por cien. Hacemos vida de ermitaños, con un chequeo del cuerpo, de nuestra salud y de la voz. No podemos salir de fiesta o en horario nocturno, tenemos que descansar de ocho horas. Nuestro cuerpo es nuestra herramienta principal, tenemos que cuidarlo muchísimo.
¿Se lleva el trabajo a casa?
Intento dejarlo en el teatro, pero los juicios vienen para casa. Hago un esfuerzo emocional y mental extra para desconectar.
¿Se identifica en algo con su personaje?
Somos muy blancas, muy inocentes. Como Christine dicen que doy sensación de mucha fragilidad, pero que sorprendo con mi fortaleza interior. Soy tímida y pequeñita, pero muy segura de mí misma.
¿Con qué faceta del teatro musical se queda?
Me considero cantante. Luego interpreto porque así lo requiere el teatro musical y me he formado para ello. En cuanto al baile, intento defenderme, soy muy cabezota y me preparo mucho.
Manu Pilas, interpreta al fantasma del ópera: “Todos tenemos algo de erick, porque todos hemos sido rechazados alguna vez”
Manu Pilas (1986) es un cantante multidisciplinar, además de trabajar en musicales, es integrante de un grupo a capella, Primital Brothers y ha emprendido su carrera musical. Aquí se mete en la piel de un personaje muy controvertido.
¿Qué destacaría de su personaje?
Todos tenemos una parte de Erick porque todos hemos sido rechazados alguna vez, pero él además, tiene unas características físicas y vive en una época que lo limitan y lo convierten en un despojo hasta rechazarlo. Es un superdotado en todos los sentidos, tiene una capacidad de invención fuera de lo normal y un corazón muy grande. Pero nunca fue amado y no le enseñaron a controlar sus emociones. Es brillante y puesto en una situación extrema se convierte en una bomba.
¿No es tóxico y asesino?
No lo considero tóxico, asesino sí, pero tenemos que pensar en la época en que vive. Ha tenido que esconderse para poder hacer música. Tiene unas capacidades extraordinarias, pero debe desarrollarlas escondido. Cuando conoce a Christine ve a la persona a la que necesita para enseñar su arte y compartirla con el mundo. Lo que pasa es que se enamora y nadie le enseño a gestionar las emociones con lo que se convierte en asesino, pero no es mala persona.
¿Se identifica con él?
Yo no soy deforme, pero también he sido rechazado, he perseguido esa estrella que cada vez que me acercaba se alejaba. A todos nos pasó, la forma de gestionarlo es lo que determina la persona que somos, en él fue la consecuencia del maltrato que sufrió.
¿Cómo preparó el personaje?
Tuve la ayuda de Silvia Montesino, nuestra directora, de las mejores que conozco, con la que hice un profundo camino desde que leí el guión. El acompañamiento musical me ayudó mucho a profundizar en el personaje.
¿Y antes de salir a escena?
No soy una persona que me prepare mucho al día a día. Caliento la voz, pero físicamente ya hago deporte en mi casa a diario y psicológicamente no lo necesito para concentrarme. Es cierto que la caracterización del fantasma hace que pase mucho tiempo solo antes de salir al escenario, pero no es buscado, me sale así.
¿Cómo se lleva lo de compartir obra con la pareja?
Es un privilegio, un sueño hacer los dos personajes más icónicos del teatro musical y en Madrid. Llevamos casados diez años y tenemos un niño de tres, esto nos sirve de terapia y para conocernos mejor. Es cierto que también dificulta a la hora de corregir al otro, si no tenemos un buen día en pareja, escuchar una crítica del otro, lo puede complicar.
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