Parada a parada junto a la ruta de los vigueses
El autobús turístico marca el recorrido y los vecinos deciden lo imprescindible y dónde merece la pena bajarse
El motor arranca frente a la Estación Marítima y por delante quedan 90 minutos para recorrer parte de la ciudad desde la planta superior del autobús turístico. El trayecto atraviesa el centro, sube hasta O Castro, continúa por Castrelos y Samil y regresa bordeando Bouzas.
Es una opción para acercarse a algunos de los lugares más emblemáticos de la ciudad. Pero ¿coincide la ruta turística con el Vigo que recomiendan quienes viven aquí?
Nali González Alonso, viguesa de 77 años, tiene claro dónde comenzaría un día en la ciudad, “por la zona del Berbés”. Entre sus imprescindibles también incluye O Castro y el entorno del puerto. Para ella, además, la elección tiene un gran condicionante.
Se desplaza en silla de ruedas y prefiere el puerto porque es “llanito”, frente a las pendientes que caracterizan buena parte de la ciudad. “Hay que buscar siempre sitios sin cuestas y en condiciones, sobre todo para la discapacidad”, reclama.
El autobús abandona el puerto y atraviesa algunas de las principales calles del centro. Es aquí donde Ángela Mejide, que lleva ocho años viviendo en Vigo, propone empezar a mirar más allá de los sitios habituales. Señala los edificios de la zona de Montero Ríos como uno de esos elementos a los que “no se les da el valor que tienen”.
Recomienda caminar desde Príncipe hacia el Casco Vello y el Paseo de Alfonso. Mientras el bus enseña Vigo desde arriba, Ángela propone conocerlo a ras de suelo. Menciona la Fundación Sales como uno de los lugares que los turistas pueden desconocer.
La ruta comienza a ganar altura hasta alcanzar O Castro, una de las paradas en las que el viajero puede bajar. El lugar pasa también por las recomendaciones de Iria, Carmen y Alba, tres viguesas de 20 años que lo escogen como uno de sus rincones favoritos.
Para ellas, las mejores vistas se le atribuyen al Monte Alba y señalan el Cepudo como uno de esos lugares alejados del centro que muchos turistas e incluso locales pasan por alto.
El autobús continúa por Plaza de España, Gran Vía y Castrelos hasta llegar al Pazo Quiñones de León. Desde allí, el recorrido vuelve a ponerse en marcha hacia uno de los nombres inevitables de cualquier visita a Vigo, la playa de Samil. También aquí las locales introducen alternativas. Iria, Carmen y Alba reconocen la mejora de su paseo, pero a la hora de elegir playa optan por O Vao. Y para contemplar el atardecer, aunque un poco más lejos, Cabo Estai en Oia.
Un recorrido por la ciudad tampoco puede hacerse con el estómago vacío. Nali recomienda el Arenal y rechaza las cadenas frente a la gastronomía local, animando a probar “nuestro marisco gallego”, y las más jóvenes coinciden en señalar el centro para tomar algo y la Alameda para comer.
Después de Samil, emprende el regreso circular bordeando Bouzas hasta volver a Cánovas del Castillo en la Estación Marítima. Mientras que el autobús turístico marca el camino, los vecinos lo desvían ligeramente con sus elecciones y sugerencias que se ven más allá de la ventanilla.
Contenido patrocinado
También te puede interesar