Ser los ojos en la montaña de quien no puede ver
El vigués Nacho Pequeno organiza escapadas de senderismo por España para invidentes y personas con movilidad reducida
Tener una discapacidad no limita a aquella pasión que se quiere desarrollar. Y la montaña es para todos los públicos. El vigués Nacho Pequeno, amante de la naturaleza y las escapadas, así lo vio. Comenzó hace ocho años un proyecto para senderistas invidentes o con movilidad reducida, para así ser sus ojos y sus piernas en la montaña. Más de 25 años como practicante de actividades deportivas al aire libre le avalan.
Ofrece tours por toda España. Para invidentes, utiliza una especie de barra horizontal usada por tres personas (guía-invidente-guía) para orientar al cliente en la montaña. “Algunos ya con mucha experiencia notan la pequeña elevación del guía delantero cuando hay un obstáculo y saben perfectamente como tienen que actuar”, recalca. Para los menos avanzados, Nacho canta las indicaciones a metro y medio de distancia. Eso permite al invidente hacerse una idea de lo que tiene delante. También le narra qué está viendo en cualquier momento, ya sea una bonita estampa al horizonte, los árboles que les rodean o los elementos naturales que se van encontrando en el camino: “Cuentan con otros sentidos más agudizados. Sienten el viento, el sonido de la fauna, lo que están pisando... Nosotros solo actuamos como sus ojos”. Para las personas con movilidad reducida cuenta con una silla Joëlette, que consiste en una especie de carro con una rueda delantera empujado por tres o más guías. Utilizamos en esta ocasión casco y todas las medidas de seguridad para evitar problema, porque el terreno puede ser muy abrupto”, señala.
Tuvo su primer contacto con este tipo de senderismo en Aragón, con la realización de un curso de guía inclusivo. Luego, perfeccionó la técnica en la ONCE de Madrid. “Hicimos una bonita escapada a Islandia para personas con discapacidad visual. No es algo profesional, pero lo agradecen mucho”, confiesa. La idea le gustó y la implantó en Vigo hace ocho años, aunque las escapadas son por toda España y a cualquier punto, ya sea en los Pirineos, en Sierra Nevada o en la mítica ruta de los Faros de las Rías Baixas. “No deben ser picos muy complicados, aunque se pueden hacer. Hay gente que tiene subido al Kilimanjaro en una silla Joëlette”, recalca. No ha sido el caso de Nacho, aunque “nunca se sabe”.
Comenzó con el montañismo desde muy pequeño. Dando sus primeros pasos en los montes adyacentes de Vigo. Galliñeiro, Aloia, Galleiro... Vio que le gustaba ese mundo y quiso hacer de su hobby, su trabajo. Entró en clubes de montañeros de Vigo, como el Peña Trevinca y Montañeros Celtas. Y poco a poco, se fue preparando para todas las durezas posibles de la montaña. “Hay que saber cómo moverte. Estar bien físicamente. La montaña siempre conlleva un riesgo. No existe el riesgo cero. Hay que tener en cuenta las condiciones climáticas, cómo responde la montaña ante ellas y tener una evaluación previa del recorrido”, aconseja Nacho.
En todos sus años de experiencia como guía inclusivo, ha vivido cientos de historias. De bellos momentos y de agradecimientos de aquellos que depositan su confianza en un terreno tan peligroso. “Siempre surgen nuevas aventuras”, indica. Una de las que más le marcó fue reciente, ayudando a Roberto, un chico con discapacidad visual, a subir la montaña de Peña Ubiña, en León y uno de los picos más altos de la cordillera cantábrica. “Fue un hito hacer eso, porque las condiciones eran muy difíciles. Sobre todo en el ascenso”, señala. Fueron necesarias hasta ocho personas para guiar al usuario.
El vigués Nacho Pequeno seguirá dando la oportunidad a aquellos que quieren sentir la naturaleza, pero no pueden andar ni ver. Porque la montaña no es excluyente, y un bonito paisaje puede verse o sentirse.
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