Dos nuevos diáconos ante la falta de curas
Manuel Marín y Miguel Ángel Fernándes recibieron ayer el primer grado de la Orden Sacerdotal en la catedral de Tui, que les permitirá oficiar bodas y bautizos en ausencia del párroco: “Es una labor de servicio”
La falta de curas en los últimos tiempos obliga a buscar soluciones en otras figuras cercanas al clero. La Diócesis de Tui-Vigo ordenó ayer a dos diáconos en la Catedral de Tui, el primer grado de la Orden Sacerdotal, que podrán con ello oficiar algunas ceremonias, como bodas y bautizos. Esto da un balón de oxígeno a algunos párrocos que ya abarcan varias parroquias y no son capaces de llegar a todo. Existen dos nombramientos: transitorio y permanente. La diferencia es que el transitorio puede oficiar misas y ejercer, a todas luces, de cura. Los permanentes, no. Se encargan de dar servicio allí donde el presbítero no alcanza, como bodas o bautizos, pero no puede consagrar (puede ofrecerla si ya está anteriormente consagrada).
Manuel Marín y Miguel Ángel Fernandes recibieron la llamada. Ambos nacieron fuera de España, en Suiza y Venezuela, respectivamente. Tras tres años de formación mediante un curso en el Seminario, un año de práctica y mucha reflexión interna. Ayer fue el gran día. “Nervios, expectación e incertidumbre”, así describía Marín sus sentimientos antes de la ceremonia. Él está muy cercano al párroco de Crecente y, a partir de ahora, podrá ayudarle en las ceremonias cuando el tiempo apremie: “Tiene ocho parroquias y no llega a todo. Pero yo estoy a su servicio, es una labor de acompañamiento”.
Al ser permanente, Marín (casado y con dos hijas) no puede ejercer como cura ni oficiar misa, pero sí ofrecer una especie de celebración litúrgica similar en ausencia del presbítero. Aunque su labor está más enfocada a “la ayuda a los enfermos. Puedo desempeñar labores en Cáritas”. El otro diácono nombrado, Miguel Ángel Fernandes, sí podrá ejercer como cura al no contar con ningún lazo matrimonial.
La ceremonia fue oficiada por el obispo Antonio Valín, que les recordó su ‘misión’ tras ser reclamados por el señor al ‘ministerio del diaconado’: “No os olvidéis nunca de los pobres y servirlos. Es mejor ser una iglesia herida y sucia, a impoluta y fría. Sed siempre servidores alegres, fieles de oración y entrega: pan partido, vida entregada y amor sin medida”. Tras la homilía del obispo, dio comienzo el rito de la ordenación diaconal, que comenzó con las promesas, un momento donde los candidatos prometen obediencia y respeto al obispo y sus sucesores. Después, Marín y Fernandes se postraron en el suelo durante el rezo de las letanías. Concluido el canto, el obispo impuso las manos sobre cada uno de ellos, pronunciando la plegaria de ordenación.
Posteriormente, fueron revestidos con la estola al estilo diaconal y con la dalmática, mostrando así su nueva condición y les entregó el Evangelio, que han de proclamar.
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