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La carretera que une Vigo con A Guarda se ha convertido en una de las más peligrosas para los motoristas. Tras haber sido este verano, junto con la A-55, la que más siniestros de tráfico registró en la provincia, ayer elevó a seis los fallecidos en moto en dos años, tras un nuevo siniestro que además dejó a cuatro personas heridas graves.
El accidente tuvo lugar pasadas las once de la noche a su paso por la parroquia de San Miguel de Oia, en la Carretera de Camposancos, a consecuencia de una colisión entre una moto y dos turismos. Según fuentes del 112, uno de los coches impactó primero con la moto, que posteriormente chocó contra el segundo turismo. Los testigos que avisaron ya alertaban de que se temía por la vida del piloto. De inmediato fue movilizado el servicio de asistencia sanitaria 061, reclamando la intervención de los bomberos de Vigo para excarcelar a una de las personas atrapadas en el vehículo. Los sanitarios solo pudieron certificar el fallecimiento del motorista, un vecino de Baiona de 58 años. Los cuatro ocupantes del primer turismo fueron trasladados de urgencia al Hospital en estado grave.
El riesgo se ha elevado en este vial autonómico que ya un año después de la pandemia contabilizaba el mayor número de muertes de la provincia. Además, es principalmente peligrosa para los motoristas, uno de los colectivos considerados vulnerables por la DGT y que suponen más de la mitad de las víctimas mortales.
La estadística más reciente de Tráfico señala que en la última década perdieron la vida en las carreteras de la provincia un total de 68 personas que viajaban en moto y otras 294 tuvieron que ser hospitalizadas. Se da la circunstancia además de que a pocos metros del accidente de este viernes, perdía la vida otro motorista unos años antes.
En 2023, la propia Dirección General de Tráfico (DGT) alertaba del incremento de siniestros mortales entre motociclistas en las vías del área, lo que ha llevado a implementar la vigilancia con campañas periódicas, la más reciente iniciada en junio. El fin de semana pasado, también estaba activado un dispositivo de control de motocicletas por parte de agentes de la Guardia Civil, tal y como advertían paneles informativos en la A-55.
El último balance de Tráfico sobre los accidentes durante julio y agosto cifraba en 175 los accidentes de tráfico registrados en las carreteras de la provincia, menos que el año pasado pero con dos fallecidos más, un total de siete. Del total de muertes, dos fueron motoristas, uno fallecido en O Rosal y otro en Marín.
La racha ha empeorado con el fin del periodo estival. En solo tres días ya perdieron la vida otras dos personas que viajaban en motocicleta en carreteras de Vigo. Al siniestro mortal de este viernes se suma el ocurrido en la A-55, cuando un policía nacional retirado moría al salirse de la vía en las peligrosas curvas de Tameiga (Mos), en un siniestro cuyas causas están por esclarecer.
Esa víctima mortal hizo que el primer tramo de autovía, la segunda con más número de accidentes de la provincia durante julio y agosto tras la PO-552, rompiera su tendencia desde 2013 (más siniestros pero menos graves). La implantación de radares rebajó la peligrosidad entre Vigo y Porriño, un tramo que bautizó hace una década a la A-55 como la “autovía de la muerte”. La peor parte hasta ahora se la lleva el tramo entre Porriño y Tui, donde se sitúan dos de los seis cinemómetros con los que se ha blindado el acceso y salida a la ciudad.
La Guardia Civil de Tráfico investiga ahora las circunstancias del último accidente mortal en la PO-552.
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