Nueve peldaños ‘malditos’, la barrera de Manuel hacia la calle
Con una pierna amputada, las obras para adecuar la entrada de su edificio llevan paralizadas 19 meses por la denuncia de un vecino
Un ejercicio tan rutinario como salir a la calle se puede convertir en una odisea. Para Manuel Martínez, un hombre de 70 años, en un esfuerzo titánico. Todos los días se levantan barreras delante de él para algo tan simple como comprar el pan. En diciembre de 2024, le amputaron una pierna. Tiempo antes ya había comentado con la comunidad de vecinos que, ante su futura discapacidad, se adecuase la entrada al edificio y el acceso a los ascensores. Los nueve peldaños existentes iban a ser un muro casi imposible de superar en muletas o silla de ruedas. La comunidad aceptó la propuesta mediante votación, encargó un proyecto y recibió luz verde desde el Concello. Pero una denuncia de un vecino de la planta baja paralizó la actuación de forma preventiva. Hasta el día de hoy, que todo sigue igual tras 19 meses.
“Salgo de casa por la mañana y por la tarde, pero necesito siempre una muleta y la ayuda de mi mujer y de mi hija”, señaló Martínez. Sin ellas, no puede salir y se queda en casa. Se alegró cuando vio obreros y movimiento en su edificio, hace ya algún tiempo, pero “solo estuvieron cuatro días”. Un requerimiento judicial paralizó las obras al instante, en una decisión que ni Manuel ni la comunidad entienden. “Nuestro abogado dice que es una locura. Un sin sentido tener eso paralizado, porque está todo el regla”, señaló Emilio Tizón, presidente de la comunidad. La modificación de la entrada eliminaría los nueve escalones y cambiaría el ascensor, aunque sumaría dos pequeños peldaños en la planta baja, justo en la entrada del bajo izquierdo. Así, los propietarios de ese piso denunciaron al alegar que se verían damnificados por las obras y, según Tizón, no querrían sufragar una reforma que no les aportaría ningún beneficio. “Creo que esto viene por temas de dinero. Incluso llegamos a un acuerdo para modificar las obras y que no tuviesen esos dos peldaños, pero todo lleva un coste y un tiempo”, señaló Tizón.
El presidente de la comunidad lo tiene claro: las obras se deben ejecutar. No solo por Manuel, sino también por algunos vecinos más que superan los 80 años y que esos nueve escalones pueden ser un problema el día de mañana. “Estamos intentando desbloquear las obras, pero va muy lento. Nosotros no podemos hacer nada más y el abogado está muy confiado en que la actuación va a salir adelante”, aseguró. Además, cada mes de retraso es pérdida para las arcas de la comunidad, que deberá desembolsar un recargo cuando comiencen las obras y el coste de almacenaje del ascensor, que “ya debería estar instalado”.
Cada día es más complicado para Manuel. Baja con dificultad los peldaños. Afuera, le espera una silla de ruedas y su vehículo para moverse. Así, generó una rutina que ya lleva 19 meses. “Necesito una solución urgente”, reclama. La comunidad de vecinos lo apoya y las obras se realizarán, cueste lo que cueste.
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