Nuevas vidas en plena cuarentena
VIGO
Un parto siempre es motivo de celebración y reencuentro familiar, sin embargo el confinamiento también afecta a los recién nacidos que solo pueden ser presentados al entorno a través de fotos y vídeos
En los mismos hospitales donde los sanitarios luchan contra el coronavirus, la vida sigue con nuevos nacimientos. A la incertidumbre lógica de estos partos se suma la situación ocasionada por el estado de alarma. Las parturientas y sus hijos no reciben las habituales visitas de familiares y amigos ni en las habitaciones del hospital, donde son muy estrictos con las visitas, ni después en casa. La única vía para presentar al pequeño es a través de fotografías o vídeos. Habrá que esperar aún unas semanas para presentar a los recién llegados en sociedad. Las madres consultadas por Atlántico ven viable la organización de una pequeña fiesta en la que puedan reunir a toda la familia.
Los que peor llevan este aislamiento son los abuelos. Siguieron emocionados los meses de embarazo y ahora están impacientes por poder darle el primer “colo”, apuntan las consultadas. Su único consuelo viene de mano de las nuevas tecnologías. Piden vídeoconferencias o fotografías de cada momento del bebé. “Llaman todos los días para ver cómo está”.
Pese a la excepcionalidad de la situación, la estancia de postparto en el hospital se mantiene, aunque las revisiones previas se redujeron al mínimo por seguridad para las madres. Los controles médicos se hacen, pero es dan los resultados por teléfono para evitar exposiciones innecesarias. El calendario con la matrona para la preparación del parto se anula en la mayoría de los casos.
Con todo, las parturientas se declaran las más beneficiadas con esta situación de confinamiento. Con la tranquilidad que les da la cuarentena, pueden recuperarse del parto y adaptarse al bebé sin tener que atender a los compromisos familiares y sociales que trae consigo el nacimiento de un bebé.
“La abuela es quien peor lleva no poder ver al bebé”
Darío nació dos semanas antes de la fecha estimada. Fue un parto especial, ya pese a estar programado como una posible cesárea, tuvo lugar en casa, asistido por el padre, Alberto. El bebé y su madre, Paula Caride se recuperan en el hospital Álvaro Cunqueiro, sin poder recibir visitas. “Normalmente, en estos casos, suelen hacer la vista gorda y dejan pasar incluso a los niños, pero con el estado de alarma no es posible”, dice Paula, quien lamenta que su otro hijo, Alexandre, de cuatro años, tenga que esperar para conocer a su hermanito. A Darío también lo espera una abuela y una bisabuela de 97 años. “Quien lleva peor no poder ver al bebé es la abuela, está deseando cogerlo”, afirma Paula.
Una vez reciban el alta en el hospital, tanto la madre como el niño permanecerán en su domicilio hasta que se levante la cuarentena. Después considera que “una fiesta para celebrarlo y poder presentar a Darío a todos, mi cuñada también está deseando verlo”
“Lo mejor es tener tiempo para recuperarme”
En Sárdoma, junto al seminario, una abuela espera impaciente conocer a su nieto, que nació el día de A Reconquista, el 28 de marzo, en Ourense. “Fue una alegría enorme, porque la otra nieta ya tiene 21 años, tengo muchas ganas de darle un achuchón”, afirma María Josefa Portela (Fita) que por ahora tiene que consolarse con verlo en fotos. “Mis hijos me lo enseñan en el móvil, es igualito que el padre, ya le mandé una fotografía de cuando tenía 5 meses donde se ve el parecido”. Está muy contenta porque en la última imagen, el niño ya estaba con los ojos abiertos. Tiene claro que en cuanto se pueda viajar, “o voy yo a Ourense o vienen ellos aquí”.
Para la madre del niño, Silvia Ricci, este confinamiento en casa, con la posibilidad dedicarle toda su atención al bebé es muy positivo: “Lo mejor es tener tiempo para recuperarme, menos mal que el padre me ayuda porque no se si podría con todo yo sola”. Aprovecha estos días para descansar, adaptando las horas de dormir al sueño del niño. Piensa que una comida familiar sería una buena idea para presentar a Miguel.
“En estos momentos todo es incertidumbre”
A Natalia Barboza le falta apenas un mes para salir de cuentas. “En estos momentos todo es incertidumbre, si se adelanta el parto, si se prolonga el confinamiento”, afirma. Las consecuencias del estado de alarma las sufrieron sus padres, residentes en Uruguay, que tenían previsto viajar para el alumbramiento: “La fecha del vuelo era el día 14, pero todo está parado, allí también están en cuarentena”. Los otros abuelos, un poco más cerca, en Salceda de Caselas, tampoco podrán conocer al bebé si el parto tiene lugar con el estado de alarma. Aún así, Barboza tiene una niña pequeña, con lo que ya tiene gran parte de los preparativos listos para Erika, la futura incorporación a la familia. “Ahora es complicado comprar por online, no hay tallas y el reparto se retrasa, estoy esperando un paquete con ropa de bebé desde hace días y está desaparecido”.
Reconoce que está un poco desbordada, ya que “esta es una situación límite”. Espera impaciente el día del parto, junto a su marido Daniel Alvárez y su hija Lara, en comunicación constante con sus padres a través de internet.
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