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Ante las adversidad, los afectados por el apagón ferroviario, entre los que se encontraban varios viguese, se unieron para colaborar y forjar nuevas amistades esporádicas en la estación de Zamora, lugar de confluencia tanto de los pasajeros del tren detenido Vigo-Madrid, como el Madrid-Vigo. Cada uno ayudó en lo que pudo, apoyando la labor que tanto Bomberos, Policía y Guardia Civil realizaban para tratar de evitar conflictos mayores. El vigués Javier Pérez, una vez cancelada su reunión en Madrid, decidió entablar una amistad con cinco desconocidos que lo llevó a compartir alojamiento con ellos en la ciudad castellanoleonesa. “Pasamos hasta la una de la mañana en los bares, probando las tapas de Zamora”, indicó. No serían los únicos en la estación zamorana. Muchos de los allí presentes se organizaron para viajar en taxis o, como Javier, juntarse según afinidad para disfrutar de la ciudad. “Había un grupo de malagueñas que venían de un viaje a Vigo. En cuando vieron que decaía un poco el ánimo por la falta de información, sacaron las guitarras y empezaron a cantar para todos”, señaló el catedrático de la universidad. Hasta un grupo de nacionalidad china que se encontraban en el tren con destino Madrid acompañaron el festival musical.
La sinergia que tuvo Elena Álvarez con un grupo de chicas fue el que, al final, hizo que pudiesen conseguir un taxi de vuelta a Madrid y evitar dormir en la estación de Zamora (adecuada con colchones proporcionados por Cruz Roja). El compañerismo ayudó en, por ejemplo, repartir los pocos bollos que aportaron las autoridades para comer a las personas más necesitadas. “Era una situación algo precaria una vez se detuvo el tren en un punto entre Medina del Campo y Zamora. No había baños y teníamos que ir detrás de los coches de la Guardia Civil”. Tras seis horas de espera, llegó un autobús con destino Zamora, que transportó a las personas mayores. Álvarez y otros muchos pasajeros más esperaron una hora más. En Zamora, muchos de los afectados fueron abandonando la terminal ferroviaria para pasar una tarde de bares por la ciudad, una vez que perdieron la esperanza de una alternativa de movilidad. “El autobús solo nos dejaba en Zamora, nada más. Y luego no había suficientes para ir a Vigo y ninguno que saliese desde allí de forma regular” (solo existe uno al día que parte desde la estación zamorana de madrugada).
La colaboración en el AVLO Madrid-Barcelona fue fundamental para que los 580 pasajeros afectados pudiesen tener una alternativa. Oliveira indicó que, ya en la bajada de los trenes, hubo que contar con la presencia de la ambulancia porque “el salto era muy grande y una señora se rompió una pierna”. La labor del maquinista fue crucial, avisando en todo momento de la (poca) información de la que se disponía. “Poco después de frenar el tren, vino a los vagones para avisar que era un apagón a nivel nacional y en todo momento estaba atento a nosotros”, señaló Oliveira. Hubo un momento donde se trasladó la posibilidad de que una locomotora de gasolina acudiese al rescate, pero fue rechazada.
La movilización de varios habitantes del pueblo fue clave, con varios coches que recogieron a las personas mayores que llevaban caminando casi media hora e, incluso, a un usuario con movilidad reducida. Todos ellos transitando por pistas de tierra y bajo un sol que golpeaba a más de 20 grados. Alguno de los ayudantes desinteresados llevaron algo de comida, algo que ayudó (y de que manera) a los caminantes. Una vez llegado Oliveira al pueblo, junto con los demás afectados, la única forma de entretenimiento fue acudir al bar más cercano. “El dueño nos decía que no había hecho tanta caja en su vida”, aseguró. Y ya, a la una de la mañana, consiguió la solución a su problema: “A un chico de Barcelona le vino a recoger su familia. Entonces, luego él con su coche volvió para recoger a más gente necesitada. Pudimos llevar a la persona con movilidad reducida, a un par de señoras y me dijo que fuese yo también. Pregunté si había alguien con más prioridad que yo, pero como no había, decidí aceptar e irme”.
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