“En la novena pediré que se acabe con la lacra de los abusos a menores; nos jugamos la vida”
Jesús Rodríguez Torrente fue invitado por la Cofradía del Cristo da Victoria para ejercer de predicador en la novena que comenzó el viernes
Sacerdote desde 1989, Jesús Rodríguez Torrente (Albacete, 1962) es doctor en Teología Moral y en Derecho Canónico, con el curso en jurisprudencia por la Universidad Gregoriana de Roma. Desde 2010 es juez auditor de la Rota de la Nunciatura Apostólica de Madrid. Se estrena en la celebración del Cristo en Vigo y sobre sus primeras impresiones habló para Atlántico.
¿Cuál es su relación con el Cristo de la Victoria?
Soy de un pueblecito de la Sierra del Segura, en Albacete. Cuando estuve estudiando en Roma conocí a José Vidal, actual párroco de la Basílica Concatedral, y fue el primero que me habló de la gran devoción que se tiene en Vigo al Cristo. En estos años no he dejado de tener contacto con amigos y familia de aquí que han seguido transmitiendo la existencia de esta imagen tan venerada y querida. Cuando me propusieron ser el predicador, busqué información y me documenté, de aquí sale otro devoto al Cristo de la Victoria. Es una historia tan bonita y emocionante de la vida que demuestra que Dios decide cómo y dónde quedarse.
¿Cuál fue primera sensación al verlo?
Solo lo conocía de referencias y en fotografías. Cuando el viernes llegué a Vigo y entré en la Basílica me sobrecogí al verlo. Estuve rezando y contemplándolo, en vivo se crece su presencia.
Es el predicador del Cristo, ¿en qué va a consistir su sermón?
Le di muchas vueltas y decidí desgranar cada día las miradas del Cristo a través de la imagen. Comencé por analizar cómo se reconoce, mirar al Cristo que mira, expresando que en la Cruz hay alguien que te ama y que al que hay que amar humildemente. Sigo con todas las miradas, desde la que nos contempla; desde cómo nos encontramos en nuestras vidas; cómo se mira desde dentro la cruz; la del Cristo que vive en nosotros o la Cruz que lleva a la salvación para finalizar con la transfiguración en la vida del creyente. Reflexiono así sobre los misterios de la Cruz.
¿La devoción al Cristo de la Victoria ayuda a acercarse a la Iglesia?
Hasta venir aquí todo lo que he visto ha sido por imágenes y por lo que se ha publicado. He leído testimonios impactantes de personas que, trabajando en Alemania, se han cogido un avión solo para participar en la procesión y luego regresar al día siguiente. Esto si no es por fe no se hace. Es una devoción a un Cristo que enseña a vivir en la Iglesia y a amarla. Es el Cristo que se quedó aquí por más que quisieron llevárselo. Habrá para quien su historia sea una leyenda, pero para los creyentes es el motor que lleva a descubrir mucho más.
¿Cómo se explica que en la misma institución tenga cabida una entidad tan trascendental como el Tribunal de la Rota y algo tan popular como las procesiones?
Los seres humanos nacemos en una familia que nos da la vida, pero vivimos por el amor que recibimos y que expresamos con detalles muy pequeños, incluso folclóricos como una fiesta y un ramo de flores comprado con una colecta. Debajo de estas expresiones de cariño se encierra un inmenso camino de esfuerzo y superación por dar lo mejor. Pues en la Iglesia es igual. En el Tribunal tratamos temas muy sesudos que afectan a la vida de las personas, pero es compatible con aspectos populares como las procesiones. La fe nace de las cosas sencillas y el amor nace de la humildad.
Una de sus últimas responsabilidades es la asesoría para la protección de menores. ¿Cómo le puede ayudar el Cristo en esto?
Soy el responsable del Servicio de Asesoramiento a las oficinas de protección de menores y de personas vulnerables. En la novena pediré para que se acabe con la lacra de los abusos a menores. Se pone el foco en la Iglesia, pero son un mínimo de los casos que hay en otros ámbitos como el deportivo o el familiar. Aún así no justifica nada, uno solo ya sería una tragedia. Cristo tiene que hacernos comprender, ya que es quien da la vida. Ante el sufrimiento de las víctimas no podemos mirar para otro lado. Ante mi responsabilidad le estoy pidiendo ayuda. Nos jugamos la vida, no podemos ceder, ni podemos dejar de sentir su dolor.
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