Noelia Rodríguez: “Nunca nos explicaron por qué falló la atracción”

La viguesa Noelia Rodríguez, que se rompió la pierna por varios sitios en el ‘saltamontes’ hace seis años, todavía lucha en el juzgado para que se le reconozcan los daños sufridos

Noelia Rodríguez, en el Paseo de Alfonso, seis años después del accidente en las fiestas de Coia.
Noelia Rodríguez, en el Paseo de Alfonso, seis años después del accidente en las fiestas de Coia.

La vida de Noelia Rodríguez dio un vuelco hace 6 años, durante las fiestas de Coia, cuando la atracción del ‘saltamontes’ en la que montaba tuvo un fallo repentino que la tuvo dando vueltas sin el mecanismo de protección mientras la atracción se movía violentamente y que le provocó graves daños tanto físicos como emocionales a largo plazo. El suyo fue el penúltimo gran accidente en un ‘saltamontes’ en las fiestas de Vigo –el último, hace ya casi un mes, terminó con el fallecimiento del joven Iván Castaño– y, a pesar de que ya han transcurrido seis años desde entonces, la batalla legal por los daños y perjuicios que este fallo en la atracción le ocasionó a Noelia todavía continúa abierta.

El mero recuerdo del accidente le supone a Noelia “una gran ansiedad, estrés y un dolor tremendo” ya que ha pasado seis años muy duros “a nivel físico laboral y psicológico”, como explica en declaraciones a Atlántico, ya que ella lo único que quiere es “que esto se acabe de una vez y se reconozcan todas y cada una de las secuelas que tengo para el resto de mi vida”. Aquella tarde, cuenta, “supe que algo no iba bien en cuanto la máquina dio el primer salto”. Fue entonces cuando la barra de seguridad, cuyo mecanismo de cierre no había funcionado correctamente, se levantó. Para evitar que el menor con el que montaba en la atracción se cayera durante los botes de la cabina, agarró los dos extremos de la barra, “ya que con mi peso se mantuvo bajada”, pero al quedarse prácticamente colgada de la misma, “mis piernas colpearon contra el suelo reiteradas veces en los descensos del brazo”. Noelia recuerda que “cuando ya llevábamos dos vueltas no podía más, ya tenía el cuello en la barra y estaba a punto de caerme y ahí empezó a frenar por fin”.

El resultado del accidente fue demoledor: fractura de tibia y peroné derecho, policontusiones y parálisis del nervio mediano de la mano izquierda. Noelia tuvo que someterse a numerosas intervenciones y un largo proceso de recuperación, que no lograron evitar las secuelas que llevaron a la Seguridad Social a reconocerle una incapacidad permanente total para su actividad laboral. “Y además del dolor y de las limitaciones en el día a día, tengo numerosas cicatrices y el pie caido”, matiza.

Debido a estos dolores, esta viguesa se siente limitada “gravemente” en su día a día, ya que “no puedo permanecer mucho tiempo de pie ni caminar largas distancias y el dolor crónico afecta mucho a mi estado de ánimo”.

Y, a nivel psicológico, sufre por no poder cerrar este capítulo tras seis años, ya que “nunca nos dieron una explicación sobre lo que pasó” y ahora la aseguradora continúa con la disputa legal, que ahora, tras dirimirse las responsabilidades –la compañía en un principio quería atribuirle el 50% de la responsabilidad a Noelia–, se centra en la indemnización de “todos y cada uno de los daños y perjuicios que el accidente me ha ocasionado”, y no parará hasta que todos sean reconocidos, reconoce.

Todo sigue igual

Seis años después, y tras un accidente mortal en circunstancias similares –en este caso falló el anclaje del brazo en lugar de la barra de seguridad de la cabina–, Noelia no cree que se haya mejorado mucho la seguridad en estas atracciones de feria. “Cada año se repiten incidentes en los ‘saltamontes’, yo misma he tenido conocimiento de varios sólo en Vigo y alrededores”, asegura. “Es triste que haya tenido que ocurrir un accidente mortal para que se trate el tema con seriedad”, añade.

Según ella, la clave para evitar que vuelvan a acontecer sucesos de este calibre pasa por que “los controles deben ser mucho más frecuentes y exhaustivos”. Da gracias por “poder contarlo todo” y le manda “un abrazo enorme a la familia del chico fallecido en Matamá porque nunca podrán pagar todo el dolor causado”.

Un fallo técnico y otro humano que casi termina en desgracia

Noelia recuerda el accidente como una serie de sensaciones: “Yo intentaba agarrar al niño mientras la pierna, como si fuera un muñeco de goma, rebotaba contra todo: barandillas, altavoces, el suelo de acero…”. Fueron apenas un par de vueltas de la atracción, pero para ella se sintieron eternas. Y, por desgracia, todavía no tiene –ni tendrá– una explicación oficial sobre por qué ocurrió, aunque ella misma sí que se hace una idea de las causas: “Fueron dos errores, uno técnico y otro humano. El primero se debió a que no funcionó el sistema de cierre de la barra de sujeción. Al bajarla, se accionaba un sensor que activaba el cierre, pero el mecanismo no funcionó y la barra se levantó mientras funcionaba. A ello contribuyó un fallo humano, pues el operario de la atracción no comprobó que el cierre funcionaba correctamente en nuestro asiento, a pesar de que sí que lo hizo en otros, como el propietario reconoció a la prensa en días posteriores”.

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