La noche en la que a Eduardo Blanco Amor se le rompió el corazón

EPISODIOS VIGUESES

Eduardo Blanco Amor y la portada de su libro "Xente ao lonxe".
Eduardo Blanco Amor y la portada de su libro "Xente ao lonxe".

Aquel primero de diciembre de 1979, a Eduardo Blanco Amor se le rompió el corazón en el modesto hotel de Vigo donde vivía. Cuando se vino de América se alojaba en un histórico hotel de Vigo. Acababa de terminar de publicar "Xente ao lonxe", aquel hotel tenía el honor de tenerlo como cliente y que le cobraba una cantidad simbólica. Cuando Eduardo dio una conferencia, en el mismo Vigo, se cambiaba un par de días en otro hotel, como si viniera de fuera. Disfrutaba mucho de estas cosas. Su principal objetivo era tener un piso propio donde recibir a sus amigos, clasificar sus recuerdos y encargar su magnífica colección de fotografías, legado que acabaría siendo adquirido por la Diputación de Ourense.

La retirada americana le dio por poco. La beca de la condesa de Fenosa fue modesta. Y traducía los cómics de Astérix al gallego para sobrevivir. Una noche de verano, en una reunión con varios notables, Eduardo repetía su lamento. Quería comprar un apartamento. Los notables lo oyen, pero no dicen nada. Algunos callan, otros estornudan. Silencio espeso y finalmente la solución: "Eduardo, xoga á lotería". Eran alguno de los mismos que lo animaron a regresar, con la esperanza no cumplida de que lo iban a ayudar

Eduardo cabalgaba entre Ourense y Vigo. Tuve el honor de ser su conductor en estos viajes, porque de aquella tenía yo una novia en la ciudad de los Burgos. Lo recogí el lunes por la mañana, muy temprano, en casa de su sobrina, y los sábados por la tarde hacíamos el viaje de ida. Por el camino, Blanco Amor habló de sus proyectos, de sus problemas con la censura y, sobre todo de su ilusión por tenar un pico. A veces era pesimista: "¿Para qué carallo tedes fillos, para que volos pape a sociedade de consumo”, me decía, "

Era coquetamente orgulloso de su edad y un hombre de gran elegancia. Alfonso Alvarez Gándara lo llamó nuestro Señor Brummel. Eduardo tenía ese aspecto magnífico y solemne de un viejo cacique indio, como tan bien lo había descrito Freixanes. La historia que más veces he oído se refiere a cómo Miguel Hernández le enseñó a Neruda el trinar de los pájaros de los trigales, con una demostración práctica y sonora, subido a un árbol.

Cuando Eduardo Morreu y el Ayuntamiento de Orense no supieron hacerse homenajear, entendieron lo que repetía: "No le debo nada a Ourense". Y su obra es una referencia permanente para su ciudad natal. En lugar de colocar su féretro en el lugar más honroso, en el salón de sesiones, lo dejaron en la planta baja, en el piso, entre las oficinas administrativas. Fue muy triste verlo allí. Entonces, recordando su sentido del humor crítico, escribí en “Hoja del lunes de Vigo” que cuando Eduardo llegara al cielo, seguramente diría: "De onde veño teñen un alcalde tan grande como parvo”. El alcalde en cuestión quería demandarme. En el entierro de Eduardo en Ourense faltaba la Galicia oficial. Ese día pensé en las cosas de Eduardo. Como el año en el que organizamos un acto paralelo para celebrar el "Día de las Letras Gallegas" dedicado a Lamas Carvajal, en el Liceo de Ourense. Eduardo parecía un predicador detrás del atril. También tenía sus caprichos. En una fecha insistió en hablar en castellano en una conferencia en el antiguo auditorio de la antigua Casa de Ahorros de Vigo. Empieza y suena una pitada. Eduardo se enfada y manda a la mierda al público. Tuvimos que ser llevado de nuevo al escenario para hablar de lo que le había pasado. Eduardo tenía bromas terribles. De la Guía de Galicia de don Ramón Otero Pedrayo decía que era una guía para perderse. "Vas camino de Tui e acabas na Fonsagradaa". Tampoco le gustó nada que don Ramón hubiera solemnizado con su presencia ciertos actos, organizados por los jerarcas de la cultura del régimen. Siempre lo comentaba.

Guardo como tesoro el ejemplar de la primera edición de “Xente ao lonxe” que me dedicó Eduardo. Más que referencia personal, me interesa la reflexión general: "A Fernando Ramos, ao seu activo e intelixente amor á terra. Vigo, 15 de noviembre de 1972. El inteligente amor por la tierra fue la constante personal de Eduardo. Sufría porque muchos lo usaban y no siempre lo ayudaban cuando lo necesitaba. La arela del piso no se pudo cumplir cuando se le rompió el corazón en un hotel de Vigo.

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