La necrópolis del campus oculta un misterio arqueológico
Universidad
La excavación del mayor túmulo funerario de As Xunqueiras dejó al descubierto un importante destrozo del que no hay restos, algo que desconcierta a los arqueólogos
Los arqueólogos Javier Chao y Beatriz Comendador (investigadora del Grupo de Estudos de Arqueoloxía, Antigüidade e Territorio de la UVigo) lideran, desde hace varios años, los esfuerzos de descubrir lo que ocultan las cinco mámoas –túmulo funerarios de hace más de 4.000 años– que se encuentran prácticamente pegadas a la plaza Miralles del campus de Vigo, en un claro del bosque que separa las instalaciones de la UVigo de la residencia de estudiantes. Lo que no se esperaban era encontrarse con un auténtico misterio arqueológico a la hora de excavar la mámoa número 3 –la mayor de la llamada necrópolis de As Xunqueiras–: el destrozo hecho en el conjunto megalítico era de grandes proporciones y no se hallaron restos de esta intervención.
El propio Chao explicaba ayer, durante una visita abierta al público, que normalmente estos monumentos funerarios eran expoliados en busca del ajuar con el que las antiguas civilizaciones enterraban a sus seres queridos y en el intento dejaban algún resto de este expolio, pero cuando excavaron este túmulo lo que vieron fue un daño “de importantes dimensiones” hecho a la piedra y ningún rastro de que había sido expoliada. Un misterio, por ahora, inexplicable y sobre el que teoriza que “el saqueo pudo haberse hecho en la época moderna” con instrumentos más contundentes de los que disponían nuestros antepasados.
La intervención del equipo liderado por Chao y Comendador continúa estos días. Esperan encontrar algo que les ayude a desentrañar el misterio, pero de momento les sorprende que no aparezcan ni siquiera restos de los usos funerarios de este tipo de estructuras megalíticas. Apenas recogieron, además de lo usual, un pequeño trozo de teja cuyo origen desconocen y que han mandado a analizar.
Otro de los hallazgos destacados de esta excavación, que apareció hace escasos días, es un trozo de piedra con cinco orificios escarvados en ella, denominados “cazoletas” por los arqueólogos, y que son una forma de arte rupestre neolítico. Es una de las primeras representaciones artísticas encontradas en la necrópolis de As Xunqueiras y este hallazgo suscita preguntas como si todas las mámoas de este conjunto estaban decoradas y qué tipo de representaciones artísticas –quizá colores– podrían tener. De momento, todo son conjeturas ya que se trata de un descubrimiento aislado y los investigadores ya han mostrado su interés por seguir con las excavaciones esperando conocer con mayor detalle la necrópolis megalítica que esconden los terrenos próximos al campus.
Un cementerio iniciado por nómadas que iban de paso
Los arqueólogos estiman que la necrópolis de As Xunqueiras se utilizó entre los años 4500 y 1000 a.C., igual que muchas otras de las que se pueden encontrar en la comarca de Vigo. Una de las principales razones por las que las antiguas sociedades eligieron esta demarcación fue porque era un lugar de paso habitual hacia las zonas del Val Miñor y el Lagares.
Comenzaron a utilizarse por los nómadas que iban de paso a estos lugares, pero pasados los años y llegada la sedentarización de las sociedades, cuentan los arqueólogos que comenzaron a ver este conjunto de túmulos funerarios como un cementerio, por lo que en él hay, al menos, cinco mámoas que se utilizaban para hacer enterramientos colectivos en numerosas ocasiones, ya que su uso no era único.
La necrópolis de As Xunqueiras no difiere mucho de las que se pueden encontrar en otros puntos de la geografía gallega –e incluso en el norte de España–: los túmulos tienen unos 15 o 16 metros de diámetro y una forma común de casquete semiesférico en el que, por lo general, se excavaba un corredor de acceso, aunque el equipo de Javier Chao y Beatriz Comendador no encontró evidencias de tal acceso en la mámoa 3 que están excavando actualmente.
Futuras investigaciones, según explicaron ayer Chao y Comendador durante la visita guiada por el conjunto megalítico, intentarán determinar si las mámoas más próximas entre sí tenían algún tipo de relación como un pasillo construido artificialmente que las conectaba –una imagen de georradar hecha en 2011 apuntaba este hecho– o incluso la posibilidad de que ocurra algo como lo del Dolmen de Dombate, donde se encontró un túmulo pequeño en el interior de uno mayor, aunque esto es mucho más complicado según lo que se conoce hasta ahora.
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