Música en la calle para ‘salvar’ el Conservatorio
El alumnado del centro exige que la Xunta no amortice las plazas de conserje y administrativo que dificultarán el nuevo curso
El Conservatorio Superior de Música de Vigo es un centro de enseñanza superior a todos los niveles… excepto en el organizativo. Esta curiosa circunstancia, que la nueva Ley de Enseñanzas Artísticas corregirá en cuanto se desarrolle a nivel estatal y autonómico, está a punto de provocar un serio problema organizativo en la institución con la amortización, por parte de la Consellería de Educación, de una plaza de conserje y otra de administrativo.
“Hasta ahora no se nos aplicaba esta normativa debido a que tenemos necesidades especiales precisamente por el hecho de que no funcionamos como un instituto”, explica el director del conservatorio, Esteban Valverde, que lamenta una situación que “aunque nos permite seguir abriendo de 8 a 22 horas cada día porque tenemos un conserje por la mañana y otro por la tarde, el día que falte alguno por cualquier causa, empezarán los problemas”. Con tal motivo, el alumnado del centro salió ayer a la calle a protestar para exigir que se cubran estas dos plazas. Pero lo hizo con los instrumentos en la mano. Primero concentrados en varios puntos de Príncipe y Porta do Sol y después, en una batucada que terminó delante de la sede de la Xunta, los estudiantes usaron la música a modo de protesta.
Lucía Rodríguez, portavoz de la asociación estudiantil del conservatorio, afeaba ayer que “este tipo de decisiones las toman siempre a finales de curso porque estamos más desmovilizados” y apuntaba, al igual que el director del centro, que la falta de un conserje y de un administrativo dificulta mucho el día a día del conservatorio. “Esto no es como un instituto que los alumnos están de 9 a 14 horas y luego se van, cada uno tiene sus horarios, están en diferentes agrupaciones y usan el centro para venir a practicar”, recuerda Valverde, quien añade que “en una contingencia siempre estamos el equipo directivo para echar una mano, pero nuestro trabajo no es estar en la conserjería”, aludiendo a lo que podría pasar en caso de que falte uno de los dos conserjes.
Además, el centro se queda ahora con una sola persona para realizar todos los trámites administrativos y el alumnado cree que es insuficiente y puede acabar derivando en bajada de matrícula “al no poder atender correctamente las necesidades de los estudiantes”. De hecho, el director añade que la carga administrativa es tal que “sólo para catalogar en la base de datos los alumnos y las agrupaciones a las que pertenecen cada curso se tarda dos meses”, ya que aunque son unos 300 estudiantes, el número de grupos se va hasta los 1.500. Ayer mismo, en momentos puntuales, la cola para tramitar las matrículas de cara al curso que viene llegaba hasta el exterior del edificio.
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