Los Misioneros de Teis acogen a 200 enfermos y 60 transeúntes

Desde que empezó la crisis albergaron algún fin de semana a familias enteras sin techo

“Algunos fines de semana hemos acogido por primera vez a familias enteras, con niños y todo, que nos trajo la Policía, porque esos días no hay trabajadores sociales”.

r.s. vigo rsuarez@atlantico.net
Publicado: 19 mar 2013 - 10:49 Actualizado: 10 feb 2014 - 12:47
El alcalde, preguntando a Yonga, el misionero de Camerún, por su peso y estatura, ayer en Teis.
El alcalde, preguntando a Yonga, el misionero de Camerún, por su peso y estatura, ayer en Teis.

Es la cruda realidad de la crisis, contada ayer por José Antonio Donaire, el hermano director de los Misioneros de los Enfermos Pobres de Teis, un centro que nunca cierra las puertas a nadie y que atiende a los necesitados desde hace 43 años en Vigo. El alcalde, Abel Caballero, realizó ayer su primera visita a las instalaciones acompañado de las concejalas Carmela Silva e Isaura Abelairas, que conocieron todos los rincones del centro, desde el salón de actos a las habitaciones (de cuatro camas), la barbería, la UCI, el comedor, las cocinas, el ropero (“El Corte Inglés”) la farmacia, la lavandería, los talleres de manualidades o la capilla donde ayer se celebraba una misa oficiada por el que fue párroco de Borreiros.

Con los hermanos misioneros viven unos 200 residentes, enfermos pobres, algunos de ellos con problemas psíquicos evidentes, otros con dificultades motoras y con otras circunstancias. Junto al edificio principal, está el albergue para transeúntes, con 38 plazas para varones y 15 para mujeres que atienden dos hermanas. En esta casa se sirve desayuno (8 de la mañana) y cena (7 de la tarde), y salvo emergencias cierra a las diez de la noche. Siempre está lleno, y en ocasiones tienen que habilitar más espacios en el salón.

Los hermanos realizan media docena de oficios cada uno (Donaire estaba ayer cortando el pelo), pero tienen también a 20 profesionales contratados porque así se lo exigió la Xunta y durante la visita del alcalde se notaba un ir y venir de voluntarios. Uno de ellos es Alfonso Tomé, un jubilado que acude tres veces por semana para hacer las veces de masajista o para dar sesiones de Reiki a los residentes. “Vienes con la fe de ayudarles y te pagan con el cariño”.

En la casa todo el mobiliario es casi de museo, muy viejo, reciclado, donado por alguien, como las camas que hace años les había entregado un hospital de Ourense y que son rígidas, una dificultad más para mover a los enfermos. Sin embargo, todo está cuidado y limpio, y se nota la entrega de los que trabajan en este centro. n

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