Mis recuerdos de aquel gran personaje que fue José Regojo y sus camisas

EPISODIOS VIGUESES

José Regojo
José Regojo

Entre los personajes relevantes de un tiempo reciente que conocí, quiero hoy recordar a José Regojo, un empresario cuyo emporio mereció mejor suerte. Fue el pionero que proyectó a Galicia en este terreno, ahora que se habla tanto de Zara. Empecé a tratarlo en mis primeros tiempos de periodismo en Vigo. Solía aparecer, ya retirado de la dirección de sus empresas, por la redacción local de “Faro de Vigo”, donde nos pedía a Francisco Pablo o a mí que revisáramos una carta o un escrito que quería enviar a alguna autoridad. Luego, nos enviaba a casa una botella de Oporto de calidad y una caja de ostras. Era agradecido y generoso.

Cada vez que Don Juan de Borbón, el conde de Barcelona, entraba con su yate en la ría de Vigo era tradicional que Regojo organizara una cena con él una en su pazo de Redondela y que invitara a alguna persona de su confianza en la ocasión. Eso nos permitió conocer al padre de Juan Carlos en la distancia corta. Aquellas cenas eran discretas. Pero, en la conversación con Regojo, que era un fidelísimo partidario de Don Juan, a quien ayudara en el exilio, pude saber que en una de sus visitas al pretendiente a la Corona halló en precario estado la lencería de la casa en Estoril y lo resolvió. Regojo me contó que Don Juan le dijo que no pusiera percebes en las cenas porque, aunque le gustaban, era una cosa que odiaba porque con sus manazas de marino siempre salpicaba al de al lado.

Nuestro personaje falleció a los 92 años, en Vigo, en 1993 tras ver extinguirse su gran obra que incluso intentó salvar, garantizando con su propio patrimonio, la posibilidad de que sus trabajadores, que llegaran a ser dos mil, sacaran adelante una sociedad anónima laboral. En una entrevista en los años 80, me confesó que pensaba si hubiera sido más acertado haber mantenido sus hijos en la gestión de la empresa a su lado que mandarlos a estudiar. Lo cierto es que su complejo camisero llegó a ser uno de los más importantes del mundo. Cuando íbamos por cualquier motivo a la fábrica de Redondela, al entrar, te tomaban la medida del cuello, y al salir te regalaban una camisa. Antes de que existiera Inditex, el grupo Regojo era la gran empresa textil de Galicia, proyectada en todo el mundo.

Su actividad en Galicia se inicia en los años treinta, tras haber emigrado muy joven a Portugal, donde montó un negocio de venta de los famosos bordados zamoranos, negocio en Lisboa, al que se sumara su hermano Antonio, para más tarde introducirse en el negocio de la camisa. De regreso a España y establecido en Madrid, fue determinante para el futuro que su novia, Rita Otero, fuera de Redondela, donde finalmente se instaló. Natural de localidad zamorana de Fermoselle, José Regojo fue un esforzado trabajador que levantó un imperio y que estaba muy relacionado con las altas instancias del Estado. Su principal cliente era el Ejército, pero que desde que él dejo de estar al frente de sus empresas éstas decayeron, salvo algunas experiencias originalísimas, como conseguir que el mismo Dalí autorizara que se usara su nombre para un moderno modelo de camisa. La proyección social de su familia tuvo como exponente a su hija Rita, creadora de las “Aldeas infantiles”, institución redentora de los niños que, de no existir esta realidad, no tendrían otro consuelo que el hospicio. “Aldeas Infantiles” creaba verdaderos espacios familiares.

Contaba Regojo divertidas anécdotas de sus duros principios, cuando algunos inspectores, no recuerdo si de tasas, Hacienda u otro departamento acudían al centro donde se preparaban las telas, y cómo ponía productos deslizantes en el suelo para que resbalaran y dejaran de darle la lata. Otra anécdota que recuerdo de mi última entrevista era que aconsejaba a sus hijos que dieran crédito a un buen cliente, si era una persona seria, y no lo apuraran si estaba en dificultades. Del mismo modo consideraba que algunos personajes cercanos eran “un tanto holgazanes”. Una gran persona, en suma, que recuerdo con afecto y respeto.

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