Episodios vigueses
Pepe Iglesias “El Zorro” y Pepe Vázquez en Radio Vigo
Una adopción a la inversa. De abuelo a adulto. Todo ello con una barrera difícilmente estrechable: la distancia. Aunque no imposible. La tudense Julita Rodríguez encontró la nieta perfecta en Elena Naranjo, una madrileña de 53 años que buscó en Julita una abuela tras perder muy pronto a los suyos. La aplicación Adopta un Abuelo hizo posible esa conexión. “Yo trabajo en una empresa constructora muy importante en Madrid y hace tres años ofertaron un programa de voluntariado. Escogí Adopta un Abuelo porque consideré que esa figura tiene que ser eterna”, apuntó Naranjo. Rápidamente, se prendió de Julia, pese a la distancia: “Parecía muy activa, aún con más de 80 años y aunque yo vivo en Madrid y ella vive sola en Tui, nos llamamos todas las semanas y es muy gratificante”. Tanto que ya su pareja y tres hijos catalogan a Julita como “la abuela galleguiña”.
“Se pone mucho el foco en la adopción de niños, pero nadie piensa en los mayores. Ellos también son un colectivo vulnerable y pese a que no tengo mucho tiempo, siempre hay un hueco para llamar e interesarse por los abuelos”, señaló Naranjo, a quien desde la organización le aconsejan fijar una fecha concreta para ponerse en contacto con su ‘adoptada’ y que así no se genere ansiedad en la persona mayor por esperar esa citada llamada.
Tras tres años de conversaciones telefónicas, videollamadas y conseguir un fuerte vínculo emocional, este verano por fin se conocieron en persona. “A mi familia y a mí nos encanta Portugal, y este año decidimos visitar Ponte de Lima. Dio la casualidad que está muy cerca de Tui, y decidí ir a visitarla. Cuando se lo dije le hizo mucha ilusión”, dijo Naranjo. Un encuentro “muy emotivo, con muchos regalos”, donde Julita le mostró los encantos de Tui y “nos presentó a todos sus vecinos. Incluso se ofreció a pagarnos un hotel para que nos quedásemos allí toda la semana y así estar más cerca de nosotros”. Las despedidas, como siempre, se hicieron duras: “Me dio mucha penilla porque vi que era una mujer que necesita compañía, pero ya hemos quedado en vernos dentro de no mucho”.
Julita no tuvo una vida fácil. Perdió a su marido hace 40 años de un infarto y por desavenencias con su yerno, la relación con su hija se fue enfriando hasta ser casi inexistente. “Enfrentamientos con ellos hizo que me distanciase o incluso irme de mi propia casa hace 8 años porque estar allí no me ayudaba”, aseguró Julita. Ahora, con 86, vive en soledad, pero cuenta con la compañía a distancia de Elena, quien “me llama todos los jueves y, si no puede por trabajo, siempre intenta buscar un hueco”. También por Whatsapp. Pese a la edad, Julita se maneja bien con las nuevas tecnologías y así conoció la aplicación Adopta un Abuelo: “Soy una persona moderna y lo descubrí trasteando en internet. Decidí apuntarme, porque los mayores llegamos a una edad en la que pasamos desapercibidos y ya solo piensan en mandarnos a una residencia”.
Pese a contar con 1 hija, dos nietos y dos bisnietos, Julita fue adoptada en primera instancia por Irene, una mujer que la cuidó a distancia durante dos años hasta que se dio de baja como voluntaria. Pese a ello “seguimos de vez en cuando en contacto. Me llama y se preocupa por mí”. Tras Irene, apareció Elena, cuyo vínculo ya lleva forjándose tres años y no parece que se vaya a romper. “Es súper cariñosa, la quiero como si fuese mi nieta y la querré hasta el último día”.
El día del encuentro, Julita estaba muy nerviosa. Pensó en todos los detalles y reservó mesa para Elena y su familia en uno de sus restaurantes favoritos. Cuando la vio, “no dejé de abrazarla, la vi corriendo hacía mi y la reconocí enseguida, aunque solo nos habíamos visto en fotos”. Tras una buena comida, un paseo, conocer la ciudad y hasta disfrutar del paso de la Vuelta a España por Tui, tocó la despedida: “Le pregunté si esto sería la última vez que nos veríamos y me aseguró que no”. Todo ello entre regalos: Elena se llevó a Madrid un ramo de flores naturales, muchas cajas de bombones para los hijos y un bolso bordado a mano.
“Insistí para que se quedase todo el finde, pero venía acompañada y no pudo ser”, señaló Julita. Jovial y con un espíritu inquieto, aseguró que la distancia con Elena es salvable y pese a su difícil movilidad (fue operada recientemente de los tobillos) “en estos tiempos las distancias se acortan muy facilmente y por suerte tengo muy buena cabeza, así que para viajar estoy perfecta y ahora entendí que lo mejor que puedo hacer hasta el día que me muera es disfrutar lo máximo posible”.
La aplicación Adopta un Abuelo nació para luchar contra la soledad. En España, como Julita más de 2 millones de personas mayores viven solas y enfrentan desafíos como el edadismo y la brecha digital. A través de su aplicación, Adopta Un Abuelo se enfoca en mitigar esta soledad no deseada, proporcionando compañía y apoyo a través de programas de voluntariado online y presencial, promoviendo así la inclusión social. Comenzó como una atención presencial para acompañamientos a citas médicas o como simple compañía, pero desde el covid se abrió a la atención telemática. “Algunas personas mayores estamos muy faltos de cariño, abandonados, y eso es una pena", señaló Julita. Una adopción que hace feliz a ambas. A Julita le ayuda a seguir adelante, a ser escuchada y a entender que hay gente buena que se preocupa por ella. A Elena, que cuidar a los mayores es una obligación y una responsabilidad enorme. Algo que hace con sumo gusto.
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