Matamá, tierra de canteros y campesinos, descubre su pasado
Marcos Alonso Rodrigues y Xulio Fernández Pintos investigaron la historia de la parroquia desde la prehistoria hasta el siglo XX
“Matamá, unha ollada ao pasado” es la primera recopilación histórica de Matamá, cuya primera mención como parroquia se remonta al siglo XII. Con la primera edición agotada, ya preparan la segunda entrega de los dos tomos escritos por Marcos Alonso Rodrigues y Xulio Fernández Pintos.
“Pese a que pasaba el Camino Real que iba hasta Tui, Matamá era una parroquia bastante aislada, encontramos varios documentos con quejas por las malas condiciones de los viales; en realidad la vida no cambió mucho entre los siglos XVI y XIX, hasta que empezaron a extraer piedras y muchos vecinos se hicieron canteros”, apunta Marcos Alonso. Asegura que la mayoría de los edificios del ensanche de Vigo están construidos con el granito salido de Matamá.
La época de los canteros se puede considerar la edad de oro de Matamá, hasta entonces las condiciones de vida eran muy difíciles, tal y como explica el investigador: “Vivían del campo y había mucha miseria, cuando estaban en el lecho de muerte legaban a sus herederos sus bienes entre los que solían incluir también la ropa interior”. Aunque también localizaron una pequeña élite compuesta por hidalgos y campesinos acomodados.
Según los datos, hasta el siglo pasado, los vecinos solían emparentarse entre sí y la vida se reducía a los lindes de la parroquia. “Los apellidos que se encuentran ahora son prácticamente los que había hace 400 años”. Así, Alonso lleva uno de los patronímicos habituales en Matamá, junto a Costas o Comesaña. Abalde también es bastante común, rastreando su genealogía llegaron a la conclusión de que procede del barrio de Debalde en Beade.
Durante siglos la principal preocupación de los habitantes de Matamá se limitaba al ámbito religioso y por la salvación del alma. La primera alusión a la capilla de San Amaro aparece en 1520, aunque los autores del estudio consideran que la devoción al santo venía de antiguo.
Aunque las fuentes en las que centraron son fundamentalmente arquivistas (solo del Museo de Pontevedra obtuvieron más de 2.500 documentos donde se nombraba Matamá), los investigadores también hicieron trabajo de campo, conociendo las historias de las familias. “No nos interesaba una historia sobre los mandatarios, queríamos reflejar cómo vivía la gente normal, cómo era su día a día”. Así encontraron joyas arqueológicas un hacha de piedra, datada hace 600.000 años, que si bien está catalogada, se conserva en la vivienda de un particular.
Del patrimonio de la parroquia destaca el petroglifo de As Millaradas, con una representación de un ciervo, una figura que solo apareció en otro grabado rupestre de Coruxo.
Matamá pertenece a Vigo desde 1904 en que se separó de Bouzas. Antes pertenecía al término municipal de O Val do Fragoso, incluso en 1835 tuvo una tentativa frustrada de constituirse como ayuntamiento independiente. Llega hasta lo alto de O Freixo, hasta Balaídos y a las inmediaciones del hospital Álvaro Cunqueiro. “La demarcación de la parroquia no estaban muy claros, lindaba con la antigua parroquia de Coia, Comesaña, Valadares, Castrelos y Beade”.
De una exposición de fotografías a dos libros
El germen del proyecto historiográfico de Matamá está en la organización hace doce años de una exposición con fotografías antiguas de la parroquia, promovida por la asociación de vecinos. Las imágenes, algunas de comienzos del siglo XX, no solo reproducían a familias, sino también momentos sociales, trabajos de campo o celebraciones. La romería de San Amaro fue una de las más representada a lo largo de las décadas con instantáneas de la procesión, de los bailes y de los ofrecimientos. Además de los vecinos, también contribuyeron a los fondos gráficos de la vida parroquial archivos como el de Pacheco que muestra entre otras la multitudinaria inauguración del palco y campo de fiesta de As Neves, en 1928.
Contenido patrocinado
También te puede interesar