Mariscadoras, un oficio que se ahoga
Baja productividad, falta de relevo o escollos con enfermedades profesionales afectan a las mujeres del mar
En la ría de Vigo las mariscadoras sienten cómo su oficio se ahoga entre la falta de relevo generacional y las dificultades laborales a las que se enfrentan en su día a día. Nisi Otero, patrona mayor de Redondela, describe con pesimismo un panorama incierto. “El marisqueo se está ahogando. Estamos todas igual, aguanta la que puede”, señala la representante de las mariscadoras, que se pregunta “¿quién va a querer venir al mar?”.
Los datos respaldan sus palabras. En 2015, las mujeres con permiso para mariscar sumaban 350 en toda la ría; diez años después, la cifra cae a 240, un descenso de más del 30%. Cofradías como Arcade y Baiona muestran pérdidas más importantes, mientras Moaña mantiene la estabilidad.
La salud laboral sigue siendo un escollo en el sector. Enfermedades profesionales y accidentes aún requieren de lucha constante: las mariscadoras deben insistir al médico de familia para que se reconozcan determinadas condiciones derivadas de su trabajo. “Hemos avanzado bastante, pero aun falta”, señala Otero.
Este año se han visto especialmente perjudicadas por la sucesión de tormentas, que han llenado de agua dulce las rías y mermado enormemente la productividad de los bancos marisqueros. Esta caída en los ingresos las mantiene atrapadas. “Si no cumples con tu primera actividad, pierdes el permiso; cualquier otro trabajo que dé más dinero te penaliza”, explica Otero. Por ello, solicitan a la Administración flexibilidad en estos momentos “aunque sea para trabajar en fin de semana o cuatro horas por la tarde”.
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