La Luna, espacio habitable en 20 años

El ingeniero malagueño Carlos García-Galán, director del programa Base Lunar de la NASA, ofreció ayer en Vigo una ponencia sobre el viaje Artemis II y pormenores de su misión para crear un asentamiento en el satélite natural

La ponencia del ingeniero Carlos García-Galán copó ayer la sala para desgranar la misión “Building the moon base”, que dirige en la NASA
La ponencia del ingeniero Carlos García-Galán copó ayer la sala para desgranar la misión “Building the moon base”, que dirige en la NASA | Juancho Everman

La Luna tendrá habitantes permanentes dentro de muy poco. Se espera que, si todo sale según lo planeado, sea en 20 años. Para ello, el malagueño Carlos García-Galán desempeña su labor en la NASA. Ayer ofreció una ponencia en el programa “Encuentro con…”, organizado por la Fundación Empresa-Universidad Gallega (Feuga) en el Palacio de la Oliva. De profesión ingeniero, lleva 27 años desarrollando labores técnicas en el organismo americano y, ahora, es la cabeza visible de uno de los proyectos más importantes que la NASA tiene entre manos: la creación de una base lunar con habitantes permanentes para su investigación. La expectación fue tal que abarrotó la sala, con la presencia del conselleiro de Educación, Román Rodríguez, la vicepresidenta de la Diputación, Luisa Sánchez, o los tres rectores de las diferentes universidades gallegas. Entre ellos, Belén Mateo, de la UVigo.

La creación de un hábitat de la nada no parece tarea sencilla. Más aún con los condicionantes que marca la Luna y el espacio. El reciente éxito de la misión Artemis II, con el descubrimiento de la ‘cara oculta’ de la Luna, fue una inyección de moral para toda la institución aeroespacial. En esa misión, García-Galán participó en la gestión del equipo de ingeniería del cohete Orión. “Tuvieron cuatro horas para ver el polo sur. Ahí, descubrieron que en ese periodo de tiempo la Luna recibió seis impactos de micrometeoritos, cráteres nuevos y vivieron un eclipse solar”, aseguró García-Galán.

Bajo su dirección, un equipo de aproximadamente mil trabajadores ha planificado tres fases. Cada una cuesta 10.000 millones de euros en un momento “crítico para la exploración espacial por lo que está pasando en la Casa Blanca”. La primera, ya en marcha y hasta 2029, se centra en la creación de la tecnología y sus probaturas; la segunda, con un final estimado en 2032, será el periodo de montaje. La tercera fase, a partir de 2032, ya contará con desplazamientos con personas hasta el punto de que “lo ideal en ese punto es poder ir con personas dos veces al año y contar con robots trabajando allí de forma permanente”.

Las dificultades son incalculables, menos para García-Galán y su equipo de trabajo. Cualquier mínimo detalle no puede ser erróneo. Por ejemplo, la base lunar debe estar a una distancia de al menos 2 kilómetros del alunizaje o arrasaría con todo. Hay que crear una especie de carreteras para que circulen vehículos especiales y sobrevivir al frío y calor extremo con energía solar y nuclear. La temperatura puede estar a -200 grados a la sombra y 200 grados cuando golpea el Sol. “Esto es un desafío. En ese punto hay cráteres sin erosionar formados hace miles de millones de años. Si los conocemos al detalle, tendremos la historia de la Luna, cómo se formó y su futuro”, apuntó el ingeniero en su ponencia. En especial, el cráter Shackleton, con un tamaño similar a Washington y una profundidad el doble del Cañón del Colorado, unos 4,2 kilómetros.

“Estamos todavía en un punto donde la idea es llegar con humanos a la Luna, pero queremos ser más ágiles. Suena todavía un poco a ciencia ficción, pero os aseguro que el plan es real”, indicó García-Galán, con más de 20 misiones planteadas ya para 2028 y ya la preparación del Artemis IV, que se prevé su despegue hacia la Luna para mitad del próximo año. Ahí, estará alguno de los tripulantes del exitoso Artemis II, unos profesionales que “se prepararon durante tres años” con innumerables pruebas realizadas día a día. Desde la comida, la entrada en el cohete o la adaptación gravitacional.

De vocación: astronauta

García-Galán resaltó en la charla la importancia de los jóvenes, porque este proyecto seguirá con los conocimientos de los nuevos ingenieros espaciales. “Se quiere inspirar a los que se están formando. La base podría terminarse en 20 años, ya algo para las futuras generaciones”, confesó. Por su parte, Román Rodríguez animó a los nuevos científicos gallegos a mostrar su talento y esfuerzo para “alcanzar las misiones científicas más ambiciosas de la historia reciente y algo básico para la humanidad”.

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