Luisa María González: “En Japón apenas oyen hablar de Jesús y la Navidad, solo la celebran por Papá Noel”

La iniciativa se enmarcó en la celebración del centenario del Domingo Mundial de las Misiones, el Domund

Luisa María González.
Luisa María González. | Juancho Everman

Luisa María González es natural de Tenerife. Misionera de Cristo Jesús desde 1992, desarrolló su labor durante 16 años en la provincia de Yamaguchi, perteneciente a la diócesis de Hiroshima, en Japón. Ayer participó en una mesa redonda en Vigo para contar su testimonio, su acompañamiento a jóvenes católicos y no católicos y las diferencias entre culturas. La iniciativa se enmarcó en la celebración del centenario del Domingo Mundial de las Misiones, el Domund.

¿Es su primera vez en Vigo?

Sí, nunca había estado. Y la verdad es que la acogida es impresionante. He sentido mucho cariño desde que he llegado. Venimos aquí a dejar la semilla del Domund, con una mesa redonda con distintas misioneras que están en diferentes países. Son testimonios muy personales. Luego, se abre un coloquio a los presentes.

¿Cómo acaba una tinerfeña en Hiroshima?

Todavía no tengo la explicación a eso (se ríe). Son cosas de Dios. Sentí la llamada cuando estaba en Tenerife y él empezó a guiar mi camino desde ese momento. Quise ser misionera, pero primero debía formarme en una congregación. Empecé a buscar y entré en la de Cristo Jesús. Allí, tras finalizar la formación, me preguntaron qué destino quería. Es una pregunta habitual que realizan antes de que empieces con las misiones, por si tienes alguno en concreto donde te gustaría realizar la misión. Realmente no tenía ninguno en mente y respondí que dónde hiciese falta, que Dios me guiaría. Rapidamente me dijeron Japón. Ahí me llevé una gran sorpresa. Yo pensaba que iba a ir a la otra parte del mundo, como Latinoamérica, pero nunca me imaginé ese destino. Tampoco conocía nada sobre ese país. Pero dije que para adelante, que era donde Dios quería que estuviese.

¿La diferencia religiosa es notable entre España y Japón?

Es totalmente diferente. Hay muchísimas diferencias entre el cristianismo de Europa y el de Japón. Allí apenas oyen hablar de Jesús y la Navidad solo la celebran por Papa Noel y porque comen tartas de fresa con nata. El catolicismo allí es minoría, apenas el 1% lo practica o se considera cristiano y, de ese pequeño porcentaje, la mitad son protestantes.

Históricamente, Hiroshima fue una ciudad asediada por los detractores del catolicismo y, después, por un brutal ataque con la bomba atómica. ¿Cómo se tratan allí esos episodios?

Yo pertenezco a la Diócesis de Hiroshima, pero estoy en otra provincia como es Yamaguchi. Y son muy diferentes. Allí está más presente el cristianismo, aunque sigue siendo muy minoritario. Hiroshima siempre fue asediada por el anticatolicismo, pero eso no se trata mucho. La gente prefiere quedarse con lo bueno que se hizo cuando estuvieron los problemas. Por ejemplo, tras la Segunda Guerra Mundial, con las bombas atómicas, los Jesuitas abrieron todas sus dependencias para que la gente se refugiase allí y pudiese salir adelante. Es un gran gesto.

Tras varios años en España, prepara su vuelta a Japón. ¿Con ilusión?

Tengo muchas ganas. Volví a España a cuidar de mis padres enfermos. Ahora ya fallecieron y me volví a mi congregación, en Madrid. Esa es mi comunidad. Es muy curioso, porque estamos cinco hermanas de cinco países diferentes. Quiero volver, tengo mucha ilusión, pero tengo que renovarme en mi función como misionera. Ya estoy trabajando en mi formación de nuevo, dentro de la congregación. De momento no tengo fecha para regresar, aunque mi formación finaliza en julio del próximo año. Así que seguramente regrese a Hiroshima en septiembre, lo antes posible.

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