La Lotería de Navidad llega en verano con el sector “al límite”

Las administraciones señalan que los precios de los décimos y las comisiones llevan más de veinte años congelados mientras los costes no dejan de aumentar

Un cliente en una administración de lotería de Vigo.
Un cliente en una administración de lotería de Vigo. | J.V. Landín

Las administraciones de lotería de Vigo comenzarán a vender los primeros décimos para el Sorteo de Navidad hoy, 29 de junio. La comercialización, que cada año se adelanta más y gana impulso con la llegada de turistas, marca el inicio de uno de los sorteos de mayor actividad para el sector. Sin embargo, tras estas ventas se esconde un creciente malestar entre los loteros, que afirman que la rentabilidad del negocio no ha dejado de caer al mantenerse invariables desde hace más de dos décadas, tanto el precio de los décimos como las comisiones que perciben por su venta.

La Agrupación Nacional de Asociaciones Provinciales de Administradores de Loterías (Anapal), principal organización del sector, inició una campaña con la que pretende trasladar el conflicto fuera del ámbito interno de la sociedad estatal y recabar apoyos institucionales, políticos y empresariales. Si no hay avances, no descartan movilizaciones de cara al Sorteo de Navidad.

La viguesa Verónica Seijas es miembro de Anapal y regenta una administración de lotería en Redondela, y asegura que el aumento continuado de los costes deja a muchas administraciones en una situación “límite”. Explica que el alquiler, los salarios, las reformas o incluso el material necesario para preparar la campaña navideña encarecieron el funcionamiento del negocio, mientras sus ingresos permanecen prácticamente congelados.

“La situación es insostenible para muchos puntos de venta”, resume. A su juicio, resulta imprescindible actualizar unas comisiones que, afirma, llevan más de veinte años sin revisarse. Además, recuerda que la comisión por la venta de la Lotería de Navidad es inferior a la de otros sorteos semanales, pese a que concentra la mayor carga de trabajo y genera más gastos para las administraciones.

Seijas vive esta situación en primera persona. Pendiente del traslado de su administración, explica que el presupuesto de la reforma elaborada hace tres años ya no puede mantenerse por el incremento de los precios. Solo la construcción del búnker obligatorio, señala, supone un coste un 30% superior al previsto inicialmente. “Todo ha subido, no hay ningún coste que haya bajado y el frutero puede subir el precio de la fruta, pero nosotros no podemos subir el de los juegos; estamos con las manos atadas”, afirma.

Desde Anapal, su vicepresidente y representante en Galicia, Jorge Anta, recuerda que las administraciones son autónomos o pequeñas empresas que, aunque forman parte de la red comercial de Loterías y Apuestas del Estado, deben asumir por sí mismas todos los costes derivados de la actividad.

Afirma que el modelo retributivo ha quedado desfasado porque las comisiones no han evolucionado al ritmo del IPC, del salario mínimo, de las cuotas de autónomos o del resto de gastos empresariales. A ello se suma que el precio del décimo de Navidad permanece invariable desde la llegada del euro. “Cada año que pasa estamos perdiendo rentabilidad, asumimos más costes y nuestros ingresos son iguales o incluso disminuyen. Si no sube el precio del producto ni la comisión, la rentabilidad va bajando año a año y ahora es insostenible”, sostiene.

Los ciudadanos de Vigo juegan entre 22 y 23 millones de euros en décimos para el Sorteo Extraordinario de la Lotería de Navidad, lo que supone unos 76 euros de media por persona en décimos solo para esta cita, la más popular. En el total de la provincia, la consignación para Navidad se suele situar de promedio en torno a los 71 millones de euros en billetes de lotería. Como es lógico, Vigo supone la mayor parte debido a su volumen de población y a las amplias redes de administraciones locales.

En cuanto a premios, en 2025 hubo una auténtica lluvia de euros, con unos 97 millones del segundo premio. El número fue comprado íntegramente en Madrid por la firma textil viguesa Bimba y Lola para distribuirlo en participaciones y décimos entre sus empleados de la sede central de Vigo, en la avenida de Madrid, con cientos de afortunados.

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