La llegada de marineros senegaleses salva a la flota del cerco del Berbés
La principal colonia africana en la ciudad toma el relevo en la pesca de bajura ante la falta de tripulantes
La llegada de marineros senegaleses permite sostener en los últimos años la actividad de la flota viguesa del cerco, tradicionalmente de carácter familiar, pero que se enfrentaba a una grave falta de relevo generacional. En el puerto de Vigo, más especializado en la pesca de altura, este segmento constituye el principal referente de la flota de bajura. Sus embarcaciones faenan a diario en las Rías Baixas con la sardina como principal especie objetivo y mareas de entre cuatro y doce horas.
La Asociación Provincial de Armadores de Cerco, integrada en la Cooperativa de Armadores de Vigo (ARVI), agrupa a una treintena de embarcaciones. Su presidente, Óscar Iglesias, que además patronea el pesquero “O Oriente”, asegura que la presencia de marineros extranjeros se convirtió en imprescindible para garantizar el futuro de la flota. “Ahora lo raro casi es encontrar un español”, resume añadiendo que prácticamente ya no hay marineros de otros países de Europa. Explica que en su barco constituyen una excepción, ya que de sus doce tripulantes diez son vecinos de la zona y los otros dos son senegaleses que llevan cerca de una década embarcados con ellos, pero esto ya no es lo habitual.
La colonia senegalesa es la mayor en Vigo del continente africano, con unos 850 residentes en la ciudad. La mayoría de ellos, alrededor de 600, son hombres y están ya asentados, con una asociación senegalesa en la ciudad.
Estos profesionales desarrollan su vida cotidiana en el área de Vigo durante la mayor parte del año. Viven de alquiler y habitualmente trabajan entre nueve y diez meses antes de regresar durante un tiempo a sus países de origen para visitar a sus familias. Iglesias señala que ese desplazamiento les supone un importante esfuerzo económico, ya que el viaje puede superar los mil euros. “No les ponen facilidades”, concluye.
Según las cifras de ARVI, en cada una de las embarcaciones del cerco trabajan de media siete tripulantes. A diferencia de la pesca de altura, cuyos marineros pasan largas campañas fuera de casa, los profesionales del cerco regresan a puerto cada jornada, por lo que residen de forma estable en Vigo y en otros municipios del área metropolitana. Esa circunstancia también favoreció que muchos trabajadores extranjeros hayan fijado aquí su residencia.
“Son buenos marineros y también buena gente”
El presidente de la asociación que engloba a la flota del cerco de Vigo y provincia subraya que muchos de los trabajadores extranjeros llegan ya con experiencia adquirida en sus países en la pesca y, en numerosos casos, con un empleo asegurado para embarcarse gracias a contactos previos con compañeros ya en el sector. “Son buenos marineros y también buena gente”, valora el patrón Óscar Iglesias.
Iglesias sostiene que cada nueva jubilación en el sector agrava el problema para encontrar profesionales, que ya es estructural. “Si no buscas un extranjero te quedas sin marineros”, afirma. Según explica, la falta de relevo no responde únicamente al desinterés por la profesión, sino también a las dificultades administrativas para incorporarse al sector. Señala que un joven aspirante sin formación debe invertir alrededor de 1.500 euros en cursos y esperar meses para poder embarcar, un proceso que, a su juicio, desanima a muchos antes incluso de empezar. “Lo están poniendo muy difícil para trabajar”, lamenta.
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