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Vigo volvió ayer la mirada a través de la literatura hacia uno de los silencios más incómodos de la memoria europea. La librería Libros para Soñar acogió un encuentro del programa de animación lectora Afinidades Electivas, impulsado por el Ministerio de Cultura, con la participación de la poeta Yolanda Castaño y del escritor granadino Alejandro Pedregosa, autor de “Comadrejas”, una novela que rescata la historia de los hombres perseguidos en la Alemania nazi por su homosexualidad y recluidos en los campos de concentración de Mauthausen y Gusen, en los que murieron varios vecinos de Bueu, Nigrán y Redondela.
Pedregosa llegó inicialmente a esta historia buscando otra, la de los republicanos españoles deportados a Mauthausen, identificados con el triángulo azul. Sin embargo, durante una visita a un campo de concentración para documentarse, la simbología de los triángulos que se utilizaban para separar a los presos abrió otra vía de investigación. Junto al amarillo de los judíos, el marrón de los gitanos, el negro de los anarquistas o el rojo de los presos políticos aparecía el rosa.
“Yo iba en busca de un silencio, que era un silencio propio de la historia de mi país y me encontré con un silencio mucho más grande, brutal y mucho más colectivo”, explicó. Al investigar sobre ello, apenas encontró bibliografía sobre los triángulos rosas. La razón, descubrió, era que muchos supervivientes no pudieron contar lo ocurrido al salir de los campos, ya que la homosexualidad seguía perseguida en buena parte de Europa. “No podían decir dónde había estado, todos los demás sí, a los judíos y los gitanos lo acogían sus comunidades, a los comunistas lo acogía su partido, pero cuando era una persona gay no podías decir dónde habías estado”, señaló.
Además, destaca que su historia tiene una particularidad, y es que no habían llegado a los campos por una militancia política o por enfrentarse al régimen. “Estaban ahí por amor”, subrayó. La maquinaria nazi recuperaba antiguos registros policiales de detenidos y, años después, podía utilizarlos para enviarlos a un campo.
El escritor defiende la necesidad de recuperar esas historias para transmitir un sufrimiento que, a su juicio, se fue interrumpiendo entre generaciones. Además, destaca también el papel de la literatura de convertir la historia en experiencias capaces de interpelar al lector. “Estamos mucho más atentos y mucho más sensibles a la vida de los otros, que es igual que la nuestra, que a los datos fríos y a un libro de historia”, aseguró.
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