El lejano lugar donde nació Vigo
La primera población estable hispano-romana del Vicus procedía de la colonia de Clunia, hoy Coruña de Burgos. Sus tumbas se guardan en el museo de Castrelos
El director del Museo municipal de Castrelos, José Ballesta, nunca ha estado en Coruña del Conde, en la provincia de Burgos, pero conoce muy bien Clunia, el muy importante yacimiento romano que allí, en ese lugar de Burgos, se encuentra, aunque como se ha dicho no lo ha visitado todavía. Lo tiene pendiente porque no es cualquier sitio, sino uno vinculado directamente con la historia de Vigo, con su fundación y desarrollo. En el museo vigués que dirige Ballesta, como es bien conocido, se encuentra una colección de estelas funerarias de antiguos habitantes de la Clunia romana, que emigraron a Vicus (o Burbida) de forma masiva para trabajar probablemente en el floreciente negocio de la sal.
Las cosas no están claras, pero el resultado sí: los cluniacenses se instalaron en aquel primitivo Vigo del que fueron sus primeros ciudadanos tras la mezcla con la población castreña que había comenzado a dejar el monte. Dejaron huella indeleble, hoy visible en las lápidas guardadas en Castrelos. Fueron los primeros vigueses entre los siglos I y II. Coruña de Burgos sería así la madre de Vigo. Puede que incluso de A Coruña: el topónimo, según una teoría, vendría de otros colonos cluniacenses, aunque nada está claro. Si fuera así, Vigo y Coruña tendrían una curiosa ligazón histórica, siendo ambas ciudades hijas de los emigrantes de un poblado en la Meseta. La pregunta es por qué decidieron dejar sus casas en Clunia y recorrer casi 600 kilómetros para llegar al Finis Terrae. Y la explicación es la de siempre: porque Clunia había crecido tanto -era una ciudad, con teatros, termas y foro- que no había trabajo, mientras se demandaba mano de obra en “Vigo” para la industria de la sal, que había comenzado a crecer con amplias salinas y salazones, redescubiertas siglos después en lo que hoy es Marqués de Valladares y Rosalía de Castro.
La presencia de familias "coruñesas" está datada en sus tumbas, encontradas el 17 de marzo de 1953 al realizarse la cimentación de un edificio en la calle Pontevedra: 22 estelas funerarias romana. Según señala el propio museo municipal en cuya sala de arqueología se encuentran, las estelas y una ara fueron desplazadas en la Edad Media de una necrópolis próxima para salvar el paso sobre un terreno anegado. El hecho de que la mayoría fuesen puestas con la inscripción y relieves hacia abajo permitió que estos se conservasen.
Aunque se radicaron en “Vigo”, los cluniacenses no olvidaron su hogar. Las lápidas así lo recuerdan, con invocaciones a las personas fallecidas lamentando que estuvieran “lejos de la patria”. Constituyen una de las más importantes colecciones de su género en la península ibérica, tanto por su elevado número como por el magnífico estado de conservación con el que fueron encontradas. Al mantenerse las inscripciones epigráficas se ha podido obtener numerosa información de nombres, procedencia o edad
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