El lama que se enamoró de Vigo

Drubgyu Tenpay se marchó del Tíbet a un monasterio de Aragón. Viene todos los años a dar cursos de budismo. “Es una de mis ciudades favoritas. Me encantaría vivir aquí”, asegura

Publicado: 13 ene 2024 - 05:00 Actualizado: 13 ene 2024 - 10:55
El lama Drubgyu Tenpay, ayer en una terraza. Es la máxima representación en España del Vajrayana, uno de los linajes más antiguos del budismo.
El lama Drubgyu Tenpay, ayer en una terraza. Es la máxima representación en España del Vajrayana, uno de los linajes más antiguos del budismo.

Lama Drubgyu Tenpa (Bután, 1955) es la máxima representación en España del budismoVajrayana, uno de los linajes más antiguos del budismo tibetano. Actualmente reside en el centro budista Dag Shang Kagyu, ubicado en el norte de Huesca. A los once años ingresó en el monasterio de Mönchafu y a los 16 recorrió numerosos monasterios para conocer a los regentes de los diversos linajes. Ahí encontraría a su maestro Kalu Rinpoche.

En 1984 lo llevó consigo en su viaje por occidente y fue designado guía espiritual de los centros españoles. Impartirá durante el fin de semana en el Centro Raíces (Tomás Alonso, 162) un curso bajo el título “Un corazón sin fronteras”, donde enseñará nuevas prácticas para entrenar la mente.

¿Es su primera vez en la ciudad de Vigo?

No, para nada. Suelo venir una vez al año, más o menos. Es una de mis ciudades favoritas, por el clima, el mar, la gente…llevo más o menos 40 años viviendo. Actualmente estoy en Huesca, pero siempre que puedo vengo a Vigo. Me encantaría vivir aquí.

¿Qué van a vivir los asistentes al curso durante el fin de semana?

Se titula “Un corazón sin fronteras”. Ese lema quiere decir que hay que vivir con paz y amor. Y eso debe hacerlo todo el mundo. Quiero que la gente de Vigo viva bien y tengan un corazón cálido. En este momento estamos pasando por momentos conflictivos, que nacen de las emociones negativas. Pero el punto en el que estamos es exagerado. Por eso lucho porque esas emociones negativas desaparezcan. El corazón es muy importante, pero no nos referimos al órgano, sino a nuestro estado. Es nuestra esencia, y está en todas las religiones ¿por qué no tenerlo las personas?. En mi opinión, esa búsqueda de vivir con corazón es lo más importante, pero no pasa tanto por buscar fuera, sino en encontrar las razones en uno mismo. Esa es mi principal preocupación hoy en día.

¿Le preocupa este mundo convulso?

Sí, claro. Siempre están ganando las emociones negativas. Son más fuertes, nos están atrapando a todos. Los países están sufriendo muchas guerras que nacen de la ira y la frustración. Eso no me gusta. Me hace sentir muy triste, una pena tremenda. Que Vigo no siga ese ejemplo. Para arreglar las cosas externas primero tenemos que arreglarnos a nosotros mismos. Y no se puede abarcar todo al mismo tiempo. Poco a poco. Existen antídotos para cambiar esa visión tan negativa.

Con solamente once años ingresó en el monasterio de Mönchafu, ¿Encontró ahí su camino?

Viene de familia. Padres, abuelos…es una transmisión espiritual. Para mí es fácil. Estoy en la misma corriente que ellos, soy su continuación en el aspecto espiritual. También he tenido buenos maestros que me han facilitado el camino y ayudado mucho. No busco ser el más inteligente del mundo, solo quiero simplificar mi idea, con cosas bien hechas.

Y en 1984 llegó a España. ¿Qué pensó por entonces?

Fue muy difícil. Era muy joven, y no tenía idea de qué es lo que me iba a pasar en España. No tenía sus costumbres ni su idioma, aunque estando callado es cuando más aprendo. Pensaba que no me iba a quedar y ya van 40 años. Mi maestro me decía que tenía que quedarme aquí, y ahora este es mi país. Estoy muy contento con esa decisión, España es un buen lugar. Tengo mi retiro en Huesca donde cada vez somos más. Cuando llegué era un lugar abandonado, pero ahora tiene luz. Es un lugar donde no existen los dogmas ni las obligaciones.

¿Qué le pide al 2024?

Que no haya sufrimiento. En febrero celebramos el año tibetano, y se acercan todas las autoridades de Aragón. Incluso el obispo de Barbastro o los guardias civiles, con quien tengo buena relación. A veces les pido que no sean tan duros.

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