La Istoria, sin hache
verano
Ribadavia viajó cientos de años atrás para revivir la época en la que los condes de Sarmiento eran los señores de esta villa ourensana, los marabedíes la moneda oficial y reinaba la convivencia entre judíos y cristianos
La Festa da Istoria es una fiesta del pueblo, no solo porque fue rescatada e impulsada por los propios vecinos hace ya 30 años, sino también porque pasear por Ribadavia en su día grande significa recorrer la esencia misma de la sociedad. El señorío y la plebe hacen cola juntos para cambiar los modernos euros por marabedíes, el clero y los bufones aprovechan la misma sombra para descansar. Damas e hidalgos asisten juntos a una boda. Mientras, bailes, teatro y música animan las calles de la villa sin descanso. Es una fiesta del pueblo y el pueblo así lo celebra.
De los millares de personas que cada año acuden a la Festa da Istoria, son los menos los que apuestan por no desprenderse del uniforme del siglo XXI, pues la diversión se va multiplicando al mismo ritmo que el atuendo se va aproximando a la Edad Media. Bien es cierto que hay algún despistado que llega a confundir los periodos históricos vistiéndose de personajes de épocas que no son la de los condes de Sarmiento, pero a veces se hace cierto ese dicho tan manido de que “lo que cuenta es la intención”.
Gran desfile
Cuando uno llega a la Festa da Istoria, lo primero que hay que hacer es entrar en situación, pero de eso ya se encarga el gran desfile que inaugura el día central de esta festividad presentando uno por uno a los colectivos que componen la sociedad encabezados por los condes de Sarmiento y con los Reyes de Galicia cerrando la comitiva.
En la marcha participaron este año el conselleiro de Cultural, Román Rodríguez, acompañando a los invitados de honor, y la pregonera de esta edición. Como tal ejerció la zoqueira Elena Hierro, que recordó su paso como vendedora por la Festa da Istoria y agradeció lo “acogedora, amable y hospitalaria” que es la gente de Ribadavia. Hechas las presentaciones, tocaba recrear la época en todo su magnitud. La Plaza Mayor quedó reservada para la actuación de los italianos Sbandieratori de Vignanello, los bailes medievales, la música y el espectáculo de cetrería que no pudo ser porque una de las aves prefirió descansar en vez de volar. En el auditorio do Castelo, los caballeros gallegos y portugueses se armaban en “lucha” en una demostración que llenó el patio de butacas, justo antes de que los pequeños de Ribadavia jugaran al ajedrez te viví. Mientras todo esto acontecía, las gargantas de los millares de participantes iban reclamando un refrigerio.
Por vuelta de la hora de comer, la actividad se fue concentrando en dos puntos, el Olivo con la tradicional boda judía y la Magdalena, con el grande almuerzo medieval. Con la música sin dejar de sonar por todas las calles de Ribadavia y el sol bajando para dar tregua y permitir que esos millares de visitantes pudieran salir de las sombras, llegó otro de los grandes momentos de la jornada. El gran torneo de la Veronza constituyó una demostración del antiguo deporte de la lanza a caballo que impresionó a todos los presentes al tiempo que el auditorio do Castelo se preparaba para acoger el baile medieval. Circo y música fueron los ingredientes finales para un día en el que los Sarmiento volvieron a ser los señores de Ribadavia, los marabedíes a moneda oficial y la convivencia entre judíos y cristianos fue la tónica dominante, porque la historia es que la Istoria no entiende de guerra. Es una fiesta del pueblo. Y el pueblo lo que quiere es mirar atrás para recordar el bueno y tratar de revivirlo.
Contenido patrocinado
También te puede interesar