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Los 19 juzgados de paz existentes en el área de Vigo, tres de ellos pertenencientes al partido judicial vigués (Baiona, Gondomar y Nigrán) se preparan para la tranformación prevista por con la nueva Ley de Eficiencia Judicial. Se crearon en su momento para dar servicio a aquellos municipios donde no hay juzgados y entre sus funciones están las de tramitar y resolver reclamaciones de cantidades inferiores a 90,15 euros, inscribir nacimientos, defunciones o fes de vida así como las bodas (hasta el pasado 3 de abril), resolver delitos leves de pequeña gravedad, o realizar actos de comunicación y conciliación. Aunque inicialmente, se preveía su desaparición, la presión de los grupos de apoyo al Gobierno para la aprobación de la normativa, supuso en teoría un indulto, y añadirá más competencias al implantarse las oficinas judiciales municipales.
De hecho, el Ministerio de Justicia revertirá previsiblemente para el verano la competencia más popular de los jueces de paz, la de oficiar bodas, anulada desde esta semana y prácticamente la última función que les quedaba tras los últimos cambios.
Todavía con muchas dudas sobre cómo será las transformaciones, que entrarán en vigor a partir del 1 de julio, la intención de esta ley es que lo que plantean como nuevas oficinas judiciales darían asistencia a los jueces de paz y en la práctica trabajarán directamente para el tribunal de Instancia de cabecera. Esto evitará que los residentes en municipios del área tengan que trasladarse hasta allí por ejemplo, para una prueba testifical, ya que se prevé la instalación de videoconferencias.
El problema estará en los municipios donde las dependencias actuales de los juzgados de paz impiden por espacio dichas instalaciones.
Lo cierto es que los juzgados de paz tienen una actividad notable. Solo los del partido judicial de Vigo ingresaron casi 1.500 asuntos durante el año 2023 (la última cifra pública que tiene el Poder Judicial) de los que más de la mitad eran asuntos civiles.
Por contra, la labor de los jueces de paz se ha ido reduciendo. “Desde el mes de septiembre, ya no es necesario que vayamos todos los días, ahora nos llamaban hasta esta semana, casi siempre por bodas”, explica Manuel Rodríguez, que está en funciones tras finalizar su periodo en el cargo en diciembre en Gondomar. “Ahora se está a la espera a que se convoque el pleno para la nueva elección" con sorpresa al haber hasta 25 candidatos. Asegura que “la digitalización es lo que rebajó nuestro trabajo” . Manuel estuvo 23 años, en dos periodos distintos, como juez de paz y asegura que se “realizan bastantes trámites”. En su caso, jubilado y exgerente de una empresa, se animó a presentarse al residir en el municipio y conocerlo bien.
También termina en el cargo Evaristo Toucedo, como juez de paz de Mos, donde ha ejercido durante años, según el mismo aseguraba. Fue en 2021 cuando volvió a ser elegido por el pleno para otros cuatro años ejerciendo en una labor con funciones que han ido minimizándose. Como él, son varios los concellos que han mantenido la confianza en vecinos del municipio para estar al frente del juzgado de paz. Los únicos requisitos para aspirar al cargo son ser ciudadano español, mayor de edad, no tener causa de incapacidad o incompatibilidad para desempeñar funciones judiciales, aunque puede tener su propia actividad profesional o mercantil y no es necesario que disponga del título de licenciado en Derecho.
Los concellos están ahora a la expectativa de cómo se desarrollará esta ley que en los municipios entrará en vigor el próximo 1 de julio.
Antonio Martínez es el juez de paz con más veteranía en el área de Vigo. A sus 85 años sigue ejerciendo el cargo en A Guarda aunque ahora mismo reconoce que “todo ha cambiado mucho” y que el futuro todavía es “es incierto”. Tras más de dos décadas al frente de este servicio, admite que a día de hoy todo es incertidumbre sobre lo que ocurrirá.
De momento, los cambios desde septiembre han sido drásticos. “La digitalización mermó nuestras funciones. Yo estaba acostumbrado a ir todos los días al juzgado, de hecho, durante la pandemia no falté ni un día, porque había mucha documentación y trámites que hacer, pero ahora ya solo voy cuando me llaman y para bodas ” comentaba a las puertas de que se pusieran fin a las ceremonias.
“Tendremos que esperar porque parece que se nos va a volver a dar la potestad para casar”, explicaba, mientras incidía en que “debe mantenerse porque hay bastante demanda”.
Fue la entrada del nuevo registro civil lo que redujo al mínimo la acción de los jueces de paz, algo a lo que “tardé en acostumbrarme. Ya todo se hace de forma telemática directamente con el registro". Para él ir al juzgado suponía “una actividad muy positiva en esta etapa de jubilación y además de contacto con los vecinos, a mí me conoce todo el mundo”. Afirma, además que “nunca tuve problemas con ningún partido político” a la hora de apoyar su candidatura.
Casado y con siete hijos, tenía una imprenta en A Guarda que en su momento tuvo gran relevancia. También trabajó en la mancomunidad para los concellos y precisamente, la jubilación fue el paso necesario para animarse a ser juez de paz. Ahora, con los cambios y mientras no se revierta la decisión de Justicia, “redistribuiré mi tiempo en mis aficiones, como en mi pequeño archivo de A Guarda y biblioteca de Galicia que tengo en mi casa”.
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