El juzgado reabre el caso del crimen del garaje de Rosalía 17 años después

TRIBUNALES

Nuevas diligencias en Vigo sobre el asesinato de Manuel Salgado, ex empleado de banca y copropietario del Colegio Lar, que murió de un tiro certero cerca de la nuca y sin dejar huellas. La nueva investigación policial, por el grupo que revisa también el caso Déborah, podría aportar pruebas de que fue un crimen por encargo

Publicado: 29 nov 2021 - 22:51 Actualizado: 30 nov 2021 - 11:36
El lugar donde fue hallado muerto, con un tiro en la cabeza, Manuel Salgado, en abril de 2004.
El lugar donde fue hallado muerto, con un tiro en la cabeza, Manuel Salgado, en abril de 2004.

Diecisiete años después del asesinato de un tiro en la cabeza del vigués Manuel Salgado, de 56 años, en un garaje de Rosalía de Castro, el juzgado ha decidido reabrir la causa. Nuevas diligencias policiales han llevado al titular del Juzgado de Instrucción 4 de Vigo a reactivar la investigación, en punto muerto desde 2006, cuando fue archivada provisionalmente.

El auto judicial, dictado el pasado viernes, decreta el secreto de las actuaciones y ordena una serie de procedimientos policiales que no se llegaron a hacer en su día y que podrían ser clave para saber quién está detrás de este crimen que, al igual que el de la joven Déborah Fernández, están incluidos en la lista de casos sin resolver de la crónica negra viguesa.

La decisión de reabrir la causa ha tardado un año en fraguarse. En noviembre de 2020, tal y como adelantaba entonces Atlántico, el juzgado, ahora en manos de otro titular, decidía desempolvar el caso, revisarlo y abordarlo con la Policía de cara a su posible reactivación judicial. Detrás de ese primer paso, la hermana y sobrinos de la víctima (copropietario del Colegio Lar y exempleado de banca) quienes el pasado mes de marzo anunciaban su intención de lograr sacar del archivo la investigación y solicitaban la colaboración ciudadana en busca de alguna pista.

Un informe criminólogo y varias reuniones con los miembros de la unidad de homicidios y desapariciones de la UDEV Central, la misma al que pertenece el grupo que investiga el caso Déborah además del de María José Arcos o Sonia Iglesias, han hecho posible que el juzgado inicie otra vez el camino hacia un posible esclarecimiento antes de la prescripción.

La revisión de la causa llevó al grupo policial a proponer decenas de diligencias nuevas, que, tras ser analizadas, se consideran que podrían aportar las pruebas necesarias para completar la hipótesis de la Policía desde el inicio de la investigación: el crimen por encargo.

Los agentes de Madrid (que aunque pertenecen a la misma brigada que el caso Déborah no son los mismos) estuvieron la semana pasada en Vigo, en una reunión con el magistrado y un responsable de homicidios de la Comisaría, en la que se abordaron los nuevos pasos a seguir a partir de ahora.

Un tiro certero muy cerca de la nuca y sin dejar rastro

Uno de los carteles colocado recientemente en varias zonas de la ciudad.
Uno de los carteles colocado recientemente en varias zonas de la ciudad.

El 2 de abril de 2004, sobre las ocho y cuarto de la mañana, Manuel Salgado acudía al garaje situado en el número 46 de Rosalía de Castro donde aparcaba su Seat Córdoba, para ir a trabajar en una asesoría. A sus 56 años había dejado el banco. Nunca llegó. Alguien le pegó un tiro certero en la cabeza, muy cerca de la nuca, con un arma del calibre 22. Fue un disparo a menos de un metro, que le impidió defenderse.

El asesino huyó sin dejar rastro, sin que nadie le viera ni le escuchara y dejó el cuerpo de Manuel sobre un charco de sangre. Un vecino que llevaba a su hija al colegio encontraba el cadáver en el interior del aparcamiento.

La investigación se centró casi desde el principio en un crimen por encargo y con motivación económica. La víctima se había mudado con su hermana y sus sobrinos tras sufrir un divorcio muy traumático y con denuncias cruzadas. La relación con sus hijos, a los que había desheredado tampoco era buena. La hermana de la víctima aseguró que se sentía amenazado y temía por su vida.

Las discrepancias económicas dirigieron hacia un móvil policial que acabó deteniendo a su exmujer y a la entonces pareja. Sin embargo, ambos proclamaron su inocencia, dieron sólidas coartadas que les alejaban del lugar del suceso, y de los pocos vestigios recogidos en el lugar del crimen ninguno les vinculaba, por lo que se les dejó libres sin cargos.

Pero la hermana y los sobrinos del asesinado siguieron tratando de recabar pruebas, incluso en 2005 llegaron a ofrecer una recompensa económica de entonces 180.000 euros a quien pudiera dar alguna pista.

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