Ivette Cepeda: “Una canción me tiene que hacer llorar”

La cubana Ivette Cepeda llega a Vigo con su “Rosa de Jericó”

Ivette Cepeda, mañana domingo en Sala Rebullón.
Ivette Cepeda, mañana domingo en Sala Rebullón. | Atlántico

Una de las voces más elegantes y conmovedoras de la Cuba actual. Ivette Cepeda posee esa capacidad de convertir cada canción en una historia de vida. Estará mañana domingo a las 18,30 horas en la Sala Rebullón, en Puxeiros.

¿Cómo se siente al regresar a estos escenarios y qué expectativas tiene?

Regresar a España es como volver a una casa que siempre tiene la puerta entornada para mí. Hay una conexión sanguínea y sentimental muy fuerte entre Cuba y esta tierra. Mi expectativa siempre es la misma, pero no por ello menos ambiciosa: quiero que nos miremos a los ojos y que, al menos durante el concierto, el mundo exterior deje de doler.

¿Ha preparado algún repertorio especial que conecte esa sensibilidad gallega con su fuerza habanera?

Es curioso que lo mencione, porque siempre he sentido que el bolero y la canción cubana tienen un hilo invisible que se amarra a esa "saudade". Para la Sala Rebullón traigo un recorrido por mi disco La Rosa de Jericó, pero también esos clásicos que la gente necesita escuchar para sanar. Habrá momentos de mucha intimidad, casi como una confesión entre amigos, y otros de la energía vibrante de mi grupo.

¿Cómo selecciona usted las canciones que decide interpretar?

Para que yo cante una canción, primero tiene que haberme hecho llorar o haberme dado una respuesta que no encontraba. Yo no busco "éxitos", busco verdades. Si la letra no me atraviesa el pecho, no puedo pretender que atraviese el de los demás. Trato las canciones como si fueran guiones de teatro; si no puedo creer en el personaje que narra la historia, no la canto.

Su formación original fue el magisterio. ¿Sigue habiendo una maestra dentro de la Ivette que se sube al escenario?

La maestra no se ha ido nunca, solo cambió la pizarra por el micrófono. Cantar es, en el fondo, una forma de enseñar lo que hemos aprendido sobre el amor, la pérdida y la esperanza. En mis conciertos me gusta explicar el origen de los temas, conectar con el público desde el conocimiento. El escenario es mi aula más grande.

¿Qué diría a su público?

Que se den el permiso de sentir. Vivimos tiempos de mucha prisa y poco espacio para el alma. Lo que va a suceder no es solo un concierto, es un abrazo colectivo. Que vengan, que traigan sus recuerdos, que nosotros ponemos la música para que esos recuerdos dancen.

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