Itos Domínguez: “Cuando llegué al barrio solo había prostitutas, ahora está de moda”
Itos Domínguez se jubiló después de 34 años al frente del Plaff, que mantiene su esencia en manos de Xabi y de Raúl
Itos Domínguez es una institución en el Casco Vello. Hace más de treinta años llegó al barrio histórico y fue una activista en su regeneración. En los años 90 abrió el Plaff, un referente en los locales de ambiente LGTB+, que ahora queda en manos de los que fueron sus empleados, el dj Xabi y el camarero Raúl. “Llevaban conmigo diez años y cuando lo dejé, lo que no quería es que se perdiese la marca Plaff, que acabasen poniendo una hamburguesería en el local; con ellos no se nota que ya no estoy, eso es lo que quería. Así no me importó jubilarme”. Itos asegura que desde que es pensionista no tiene tiempo para nada. “Sigo viniendo por el bar y estoy liadísima, yendo a presentaciones de libros y colaborando con muchas causas”.
Está feliz. Reconoce que desde hace una década ya no trabajaba detrás de la barra, aunque se ocupa de los pedidos y la gestión. Echando la vista atrás, se asombra de lo que cambió su barrio. “Fui muy valiente, cuando llegué al Casco Vello, solo había prostitutas y macarras, ahora está de moda, todo el mundo quiere venir a vivir aquí, no se encuentran pisos, pero hace 30 años solo estábamos cuatro, El Mosquito, yo y poco más. Teníamos que hablar con las chicas para que no se pusieran delante de la puerta”. Natural de Ourense, antes de apostar por la hostelería, fue masajista y hasta trabajó en una carpintería, pero un accidente en una mano le obligó a buscar otras salidas. “Siempre cuento que acudí a la subasta del hotel Universal y me encantó la barra, acabé comprándola, aunque no tenía dónde meterla. Me la guardó una amiga que tenía una empresa. Después, mi amiga Marta Villar me avisó de este local, me dijo que tenía muchas posibilidades, con unos arcos de piedra que estaban ocultos por el cemento. Me animé y puse un bar, como ya tenía la barra”. Y así, sin experiencia en la hostelería, montó un establecimiento, parada obligada en el ambiente cultural vigués. Allí se fundaron asociaciones de LGTB, pero también el cineclub. “Yo conocía a mucha gente y sabía que iba a salir bien, fue un éxito desde el principio”.
Además de trabajar en el Casco Vello, hace 25 años que también es vecina del barrio histórico, por lo que testigo de su evolución. “Desde la asociación de comerciantes animábamos a la gente a emprender aquí y la labor de rehabilitación que realizaron desde el Consorcio y con el Plan Urban fue maravillosa, levantaron todo”. De estar una zona deprimida pasó a ser de las más demandas en la ciudad. “Me preocupa porque ahora los pisos subieron muchísimo y con los alquileres vacacionales están echando a los vecinos. Los turistas tienen que ir a los hoteles; con el Airbnb se masifica todo. Espero que con la nueva ley lo solucione”.
Dinámica como siempre, Itos continúa siendo un personaje típico del Casco Vello, a la que todo el mundo saluda.
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