Isabel Coma: “El obispo Eijo Garay pidió construir la iglesia de La Soledad para ser enterrado en ella”

"Era un superdotado humilde. Tuvo muchísimos amigos, lo quería todo el mundo e hizo maravillas durante su vida. Esto es lo que yo quiero transmitir de él", dice la autora del libro “El obispo Eijo Garay visto por los suyos”

Isabel Coma
Isabel Coma | J.V. Landín

Isabel Coma forma parte de la familia viguesa Tapias, que apoyó los estudios de Leopoldo Eijo y Garay, y ha escrito un libro sobre la vida del obispo.

¿Por qué decide escribir este libro?

Es raro que alguien escriba sobre un obispo, ¿verdad? Lo que pasa es que era de mi familia. Todo empezó hace un año, cuando Alberto Cuevas, párroco de la Soledad, hizo una conferencia sobre Eijo Garay, y yo asistí con mi hermana. Entonces ella me dijo: “tienes que escribir un libro sobre él”, porque le pasó una cosa muy bonita, una conversación muy larga que tuvo con él justo antes de su muerte. Por eso lo escribí, porque me lo pidió mi hermana. Como tenía datos de mi familia y, junto con los datos de Internet, pude escribirlo. No es una novela ni tampoco es exactamente una biografía. Por eso se llama “El obispo Eijo Garay visto por los suyos”, desde el punto de vista de su familia.

¿Qué grado de parentesco comparte con él?

No era familia de sangre, digamos que era familia de adopción. Era hijo de una costurera que cosía en casa de mis tatarabuelos y de mis bisabuelos otros días. Mi abuelo era de una edad muy parecida. Entonces su madre lo llevaba cuando cosía en casa de mis bisabuelos y se hicieron muy amigos. Lo ahijaron, le pagaron los estudios... Era como si mi familia fuera la suya.

¿Qué imagen intenta trasladarnos del obispo Eijo Garay?

Era un superdotado humilde. Tuvo muchísimos amigos, lo quería todo el mundo e hizo maravillas durante su vida. Esto es lo que yo quiero transmitir de él. Luego, tuvo una relación muy estrecha con el fundador del Opus Dei y hay capítulos en la segunda mitad, que para mi gusto son los mejores, en que habla de la relación que tuvo con él y lo que le contó a mi hermana sobre el Opus Dei, justo antes de morirse.

¿Qué legado cree que dejó para Vigo?

En Vigo lo querían muchísimo. Lo que pasa es que murió en 1965. Solo la gente bastante mayor, por encima de los 70, lo recuerda. A pesar de que era obispo de Madrid, venía en verano a Vigo para estar con su familia de sangre y la adoptiva. Escribía cantidad de cosas que las iba a necesitar para el invierno siguiente.

Y en la familia, ¿cómo lo recuerdan?

Yo era bastante pequeña. Mi hermana lo recuerda muchísimo porque cuando tenía 16 años fue a comer con él, el día del santo de mi madre. Él invitó a mi madre, a las hermanas de mi madre, y fue ella. Mi madre le dijo: “traigo a Laura porque acaba de pedir la admisión en el Opus Dei y probablemente la siguiente vez que venga aquí a Vigo no se la va a encontrar”. Y él dijo: “es lo que le he pedido a Dios toda la vida, ahora ya me puedo morir tranquilo de saber que una persona de mi familia pertenece al Opus Dei”. Aquello fue muy impresionante porque, nada más terminar la comida, estuvo paseando con mi hermana por la finca y le contó muchas cosas de su relación que tenía con Josemaría Escrivá. Cuando volvieron de Vigo a Canido, nada más llegar, le dijeron que se había muerto el obispo. Esto la dejó impactada.

El padre Cuevas también impulsó el proyecto.

Sí, dio una conferencia sobre el obispo porque su parroquia es La Soledad, un templo que el obispo Eijo Garay pidió al arquitecto Comínges Tapias, donde a él le gustaría que lo enterrasen después de muerto. Además, un alumno de la Universidad de Navarra hizo la tesis doctoral sobre Leopoldo Eijo Garay, y cuando vino a Vigo para entrevistar a algunas personas de mi familia, fue también a La Soledad, y le regaló la tesis al párroco, que me la dejó a mí.

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