La inolvidable taberna de Eligio y su mundo
En el Eligio había dos tipos de vino, el común y el especial, que se reservaba para las papadelas con los amigos selectos
En la geografía urbana de Vigo, la taberna do Eligio era en aquel tiempo uno de esos lugares de reconocimiento de la propia ciudad, un emblema un foro y algo más que una taberna. Fue un espacio total donde entre los feligreses de cada día, coincidían la gente de la cultura en todas sus formas, de la política, el arte y el periodismo.
Allí andaba el patrono del lugar, sirviendo vino y dando conversación a la clientela con ese viejo mandilón tan característico., cuyos lamparones eran como condecoraciones por servicios prestados a la patria. En pleno franquismo, se hablaba libremente de todo, entre tazas hasta tapas. Cuando un forastero llegaba a Vigo con la intención de quedarse, como me ocurrió a mí, te llevaban al Eligio para ser sometido a una especie de bautismo civil y ser reconocido, tras la tercera cunca y la ración de xoubas, como un vecino más. Cierto que en aquel tiempo muchas cosas de la vida cotidiana tenían otro sentido bien diferente a nuestros días.
Tuve la suerte de participar en la vanguardia del periodismo de aquellos tiempos, que alrededor de las dos de la tarde reunía allí, era éste una variada tropa de redacciones, encabezada por los colegas del vecino "Pueblo Gallego" y luego por las mesnadas del "Faro", todavía en la Rúa Colón y los de la delegación de "Voz de Galicia" que acampaban cerca de la estación de tren.
Tardábamos un poco más que las radios, que tenían que esperar para cerrar los noticiarios y dejar a los oyentes en manos de la "parte" de Radio Nacional que daba puntual cuenta de las audiencias de Franco. Tenían muchos de aquellos periodistas la costumbre de gastarse bromas y putadas. Es famosa la que se le hizo a quien más tarde sería director de "La Voz de Galicia", entonces en "Faro de Vigo", Juan Ramón Díaz, más conocido en su momento con el nombre de "Xugadas". La cantante Masiel, que acababa de ganar el Festival de Eurovisión, tenía previsto venir a Vigo, pero no viniera. Y a Juan Ramón se le ocurrió inventarse una entrevista con ella, porque se creyó a otros colegas que le dijeron que estaba aquí.
Cuando supo que era una broma, corrió rápido, como un rayo, hacia el "Faro" a tiempo para burilar la plancha de la entrevista, lista para ser impresa y al día siguiente en el lugar del texto salió un manchón, cosa frecuente como cuando la censura hacía levantar un texto.
En el Eligio había dos tipos de vino, el común y el especial, que se reservaba para las papadelas con los amigos selectos o las ocasiones especiales. César Cunqueiro, el notario jubilado hoy, es un superviviente de aquellos mariscos y guisos que se servían a los amigos, y que sentaba a la mesa a su padre Álvaro Cunqueiro, su amigo Carvajal, el notario Alberto Casal, el alcalde José Ramón Fontán, el periodista Landeira y el propio Eligio. Nos podemos imaginar cómo habría de ser la conversación con un buen vino y los mejores manjares.
Alberto Casal contaba anécdotas divertidas de Castroviejo y sus rivalidades con Cunqueiro, y cómo cuando él mismo encontraba un libro interesante se compraba dos ejemplares, uno para él y otro para que Castroviejo se los “robara”. Recuerdo con verdadera nostalgia las asambleas generales de la Asociación de la Prensa de Vigo en su magnífica sede de la calle Marqués de Valladares, cuando tras resolver las cuestiones que nos convocaban, íbamos siempre al Eligio, como un rito obligado.
Casal recordaba que sentado en el aquel lugar, Cunqueiro recordaba todas las tabernas gallegas que había conocido, que eran no pocas, y que era una experiencia gozosa entrar allí, sacudirse el viento frío de la espalda y anhelar una taza de vino bueno con la compañía de unas sardinas o algo de cerdo, ya fuera una bien cortada oreja o morro. Pero el mejor momento era cuando Eligio sacaba las botellas de su especial reserva que no se servían a la clientela común.
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