La inmigración hace crecer a Vigo, que pierde residentes respecto a Galicia

Población

Los saldos con el extranjero están en positivo y el balance con municipios del interior es cada vez más negativo

A la espera de atención en la oficina municipal del padrón y estadística.
A la espera de atención en la oficina municipal del padrón y estadística.

La buena noticia es que Vigo, aunque poco, todavía crece a o largo del siglo. La menos buena es que se trata de un proceso que tiene como aportaciones la inmigración extranjera y como lastre la emigración interior hacia otros municipios del país, en su mayoría en el entorno de Vigo o el resto de Galicia. Un fenómeno por el que ya pasó la ciudad hace años y que ahora se manifiesta en toda su plenitud debido a que en paralelo, el saldo vegetativo ha caído a plomo y ya es el peor de la comunidad gallega.

Hay más fallecidos,- cada vez más- que nacimientos, cada vez menos, batiéndose cada año su propio récord negativo. En 2023, 2.900 en la suma de sanidad pública y privada, menos de 2.800 en el hospital Álvaro Cunqueiro. Un desastre sin paliativos ni horizonte. Porque los extranjeros que llegan tampoco tienen muchos hijos, aunque aportan juventud y copen empleos como el cuidado de mayores, hostelería y mensajería, entre otros.

Las cifras que maneja tanto el Instituto Nacional de Estadística (INE) como el homólogo gallego IGE, confirman que Vigo mantiene el pulso con dificultades y solo gracias a la inmigración extranjera, en tanto que miles de vigueses toman el camino de salida hacia otros municipios, en especia del entorno. En último dato certificado por el INE señala un saldo positivo de 2.079 personas en 2023, gracias a las casi 3.000 entradas netas desde fuera de España, mientras que el balance interior fue negativo, de -899. Lo llamativo es que se trata de un fenómeno que se repite.

En 2022, Vigo sumó 2.911 personas y de nuevo con la inmigración mayoritariamente de fuera de España, con 3.374 altas, el mejor resultado de la serie histórica, y 463 en negativo en el saldo interior. En 2021, mucho peor: dato positivo total de +178, pero con -1.145 en la diferencia entre entradas y salidas con el exterior. Claro que todavía fue peor el ejercicio anterior, 2020, con -1.997 entre los que optaron por censarse en Vigo y los que prefirieron irse de la ciudad. La explicación reside en el covid, que animó a miles de personas a abandonar la ciudad para mudarse a una segunda residencia, convertida en primera en el entorno metropolitano. Para encontrar un dato positivo en el saldo interno hay que remontarse a 2018, cuando fue de 592. En 2017 fue también positivo, de 568. Pero de nuevo desde 2012 hasta 2000, siempre en negativo, (-1.780 en 2003), compensando en la mayoría de los años con el movimiento exterior. 

La evolución de la población de Vigo desde 2000 al 1 de enero de 2024 señala un incremento lento del número de habitantes, pasando de 285.526 del último año del siglo XX a los 293.977 del último censo publicado por el INE. No obstante, no ha sido la mayor cifra de la serie histórica, que el propio instituto nacional coloca en los 297.355 del 1 de enero de 2012, es decir, hace ya 13 años de eso. Desde entonces, Vigo ha ido descendiendo y ganando habitantes, siempre al ritmo de la llegada de inmigración extranjera. Eso en cuento al censo del INE, ya que el padrón municipal ha superado en 2023 y 2024 la barrera de los 300.000 residentes, pero no ha sido aceptado por el Instituto Nacional de Estadística.

El precio de la vivienda, clave en el “exilio” hacia el área

Lo que pasa en Vigo sucede también en ciudades mayores, como Madrid. Desde 2015, la capital española ha pasado de ganar 13.000 residentes al año del resto de España a perder 21.000 en 2023. Sin embargo, los flujos internacionales compensan esta pérdida y permiten que el saldo migratorio total sea positivo y llegue a las 83.000 personas. Esto no se debe a una pérdida de atractivo laboral de la capital, sino al precio de la vivienda, Lo mismo que ocurre con Vigo, donde adquirir un piso supone de media un 50% de esfuerzo que en Porriño, Salceda o Ponteareas, los tres que más han crecido.

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