La otra imagen de Óscar Puente en el trato personal

Episodios vigueses

Óscar Puente presumía de que su padre también había sido emigrante, en cierto sentido, ya que dejó Galicia para buscar una vida mejor en Castilla-León

Óscar Puente, cuando era alcalde de Valladolid.
Óscar Puente, cuando era alcalde de Valladolid. | Atlántico

Con su peculiar sentido del humor “romano”, solía decir Indro Montanelli que la política convierte en un momento dado a determinados sujetos en “hombres de moda”. Y para esa expresión usaba varios términos, según el caso. “Uomo allá moda; “Uomo de tendenza”, “Uomo del momento”, según el caso y las circunstancias. En el presente, el exministro Oscar Puente es, sin duda el hombre del momento. Nunca, curiosamente, tantos, desde posiciones divergentes, han coincidido en algo, en pedir su dimisión, ya consumada, a excepción de Bildu, que es el más firme aliado y respaldo de Sánchez.

Lo conocí y traté en 2017, cuando era alcalde de Valladolid y debo confesar que entonces me cayó bien. Así como a otros personajes los conocí en mi larga faceta de periodista, a Puente me llevó mi condición de profesor de la Universidad de Vigo y ponente en un congreso internacional que, en colaboración con el ayuntamiento que dirigía, se celebró en su ciudad en 2017, en el marco del singular teatro Calderón. Puente fue un anfitrión atento en todos los sentidos

Fue objeto de un especial homenaje de agradecimiento de aquel evento en el que participaron más de cuatrocientos asistentes de todo el mundo, y que todavía se recuerda por su contenido y desarrollo. En colaboración con el Ayuntamiento de Valladolid, lo organizaron la Escuela Internacional de Protocolo (EIP) con la Organización Internacional de Ceremonial y Protocolo (OICP), para promover el encuentro de profesionales de la Comunicación, el Protocolo y de las disciplinas afines: Imagen Personal, Marketing, Relaciones Públicas y Publicidad, con el objeto de establecer distintos puntos de encuentro entre las nuevas formas de actuar por parte de las instituciones públicas y/o privadas.

Su padre era de O Mazo, Sarria, Lugo. Y él entonces estaba orgulloso de ello. Presumía que su padre también había sido emigrante, en cierto sentido, ya que dejó Galicia para buscar una vida mejor en Castilla-León y recordaba el esfuerzo de su familia para que tanto él como su hermana llegaran a estudiar Derecho en la Universidad. De su padre heredó también su militancia en el PSOE y la UGT.

Ahora al margen de su controvertida gestión al frente del Ministerio de Transportes, he de decir, desde la perspectiva del conocimiento derivado del tiempo y la ocasión en que lo conocí, que lo más extraño e incongruente del hombre que traté como alcalde fue la deriva de su modo de hablar, de su agresividad formal, de los insultos y las crueles ironías, y el modo de expresar su lealtad a quien llamaba “el puto amo”. De ahí, que sin otro contraste que mi propia experiencia personal y el recuerdo del trato que tuve con él cuando era alcalde, resulta difícil de entender el modo en que ya usado su cuenta de X para dispersas insultos, ironías y faltas de respeto, incluso a mujeres, de singular mal gusto.

Y a veces, sus bromas han sido, además, particularmente inoportunas. El miércoles 21 de octubre, la Sexta difundió una promoción de la entrevista de Puente en Cara al show, el programa presentado por Marc Giró. En el vídeo, de menos de un minuto, el ministro entraba en un ascensor ficticio y pedía subir “a la sexta”. Sin embargo, el elevador sufría una avería y una voz anunciaba por megafonía: “Por una avería del sistema, el ascensor estará parado más tiempo de lo habitual”. Respondía entonces con una broma sobre los problemas ferroviarios: “Vaya por Dios. Como si no tuviéramos bastante con la Renfe ya”.

El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo llegó a llamarlo “imbécil” después de que el dirigente popular mencionara durante un mitin las sospechas sobre el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero: “Es tan imbécil que nos deja las pruebas para que, si albergásemos alguna duda, las despejemos todas”. También lo calificó de “inútil”. La lista de insultos es interminable, desde la agencia Europa Press o los sindicatos policiales. Y en el mismo Congreso adoptó un tono bronco, agresivo, amenazante. Nunca imaginé lo que llegaríamos a ver.

Contenido patrocinado

stats