"Con el humor siempre hay personas dispuestas a sentirse ofendidas y están en su derecho"
Manuel Manquiña, actor, humorista y músico
Manuel Manquiña (Vigo, 1953) es uno de los rostros populares más queridos de la ciudad, que tanto crea incondicionales como desata polémicas. Actor, músico y humorista, se convirtió en uno de los personajes del verano al ser nombrado portador del pendón del Cristo da Victoria. “Estoy un poco preocupado, voy delante con el Cristo detrás, mirándome todo el tiempo”, confesó durante su paso por Atlántico TV, donde acudió a hablar sobre lo divino y lo humano.
No puede negar su vínculo con el Cristo, lo lleva marcado en su DNI.
Nací el 2 de agosto del 1953, un primer domingo de agosto que es cuando sale a la calle. Por entonces todo el mundo quería que el niño llevase su nombre, el padre, el tío, el padrino y como nací ese día alguien dijo también que llevase el del Cristo, entonces soy Manuel Juan Francisco del Cristo de la Victoria. Según la leyenda familiar, cuando tiraban las bombas de salida, se me ocurrió nacer para chupar plano. Recuerdo la celebración como un día muy especial, muy bonito, generalmente caluroso, nos juntábamos toda la familia, de niño lo acompañé con la vela muchas veces. Ahora ya casado, siempre le decía a mi mujer, “Catalina, antes de morir tengo que acompañar al Cristo”, me apetece y es algo que tengo que hacer, lo siento. Pensé que éste podía ser un buen año, que podía reservar el día y entonces me llaman para ofrecerme llevar el pendón. De entrada dije que no, voy a acompañarlo, pero no me veo caminando delante de todos, tan chulo, pero me convencieron. Lo voy a pasar mal, soy muy sensiblero.
Lleva años viendo fuera de esta ciudad, ¿mantiene el viguismo?
Yo soy vigués, aunque viví en Coruña 20 años y también en Madrid, en Santiago ya llevo 30. Empiezas a sumar y ya te das cuenta de que tengo unos cuantos años. Soy vigués, pero me empato bien con los sitios en los que vivo. Me di cuenta de que era muy compostelano porque estaba deseando ir a comer el pulpo por la Ascensión, además caí en que ya había ido muchas veces.
Este verano lo pasará trabajando. ¿Qué no tiene su agenda? Tengo muchas salidas con los Fabulosos Weekend, una banda que comenzó de broma pero que gusta. Actúo también con la Oca and y el show “Caminantes y cantantes” que hace un repaso a las músicas del Camino. En Vigo interpretan a A Roda, yo canto “O tren” o “Muller xeitosa”, de Andrés Dobarro. Además, estamos grabando la segunda temporada de “Marea Negra” y preparando una película para septiembre en Vaca films.
Entonces parece que las cosas vuelven a funcionar.
Fue jubilarse y tener que empezar a cubrir partes a la Seguridad Social. Hasta salen monólogos fuera de Galicia, yo solo los acepto en teatros y compartiendo escenarios, si es más de media hora me aburro.
Con los monólogos se ha ganado gran parte de sus incondicionales.
También hay otros que me desprecian. Hay dos líneas en los monólogos: una amable que tiene gran aceptación y otra no, yo suelo ser crítico. Ahora estoy con el excesivo amor que se le tiene a las mascotas, es una grave enfermedad social, a un animal hay que quererlo, cuidarlo, pero no es un hijo.
¿Se puede hacer crítica a través del humor?
Es complicado, siempre hay un grupo de personas que está dispuesto a sentirse ofendido y tiene su derecho a estarlo. Hay chistes que ya no se pueden contar, generalidades antes normales, ahora no se aceptan.
Julián Hernández de Siniestro decía que sus letras ahora serían vilipendiadas.
No se podrían cantar. Siempre fueron un poco misóginos, pero con humor. Le pasaría lo mismo a Reixa, tenía una canción, “eres paralítica y no puedes bailar”, hoy sería impensable. En “Airbag” tenía una frase, “las mujeres son más putas que las gallinas”, aunque no lo piense, ahora no la podría decir. Todo cambió, no voy a decir si para bien o para mal, cada uno tendrá que analizarlo.
En un monólogo sobre Vigo, ¿qué destacaría?
Sería un gran fracaso. En Vigo tengo un recuerdo muy potente y dicho desde el afecto, de los personajes marginales: Ramona la Bota, Cabecita de Ajo, José Merluza, Platanito. Era un chaval muy impresionable y tenía en la mente el universo infantil de los cuentos, cada vez que me cruzaba con Cabecita de Ajo me veía como Hansel y Gretel, metido en una celda a punto de ser cocinado en un horno. También estaba Carioca que vivía por aquí cuando esto era la Avenida de Beatriz, rodeada de campos. Eran personajes excéntricos que marcaron nuestra vida y de alguna manera se echan de menos, me gustaría escribirles una historia, pero no sé si sería justo con ellos, ni aceptable.
¿Sería una especie de homenaje?
Mis homenajes bordean el límite. Un día estrené una historia y la gente no entendía nada, decía que me gustaba ir a ver a Carlitos, el niño que mató el tranvía en Tomás Alonso. Lo contaba como una vivencia que marcó mi alma, podía haber sido yo. Lo narraba sin chiste y no se entendió.
¿Al modo de cuentacuentos?
Sí, entra de todo desde el temor al erotismo, son cosas que nos pasaron, que ahora serían denunciables, pero en su momento eran experiencias de la vida.
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