¿Qué hubiera sido si el Festival del Miño viniera a Castrelos?

Episodios vigueses

"Recuerdo que me encontré por aquí alguna vez a un curioso personaje que era un alto cargo de RTVE en aquellos años setenta y que yo conociera como miembro del jurado del Festival del Miño"

Nuevas amistades, un grupo de Cangas.
Nuevas amistades, un grupo de Cangas.

Ya me he referido aquí que el alcalde Portanet tuvo la idea de traer a Castrelos el Festival de la Canción del Miño, en el caso de que la ciudad de Ourense decidiera dejar de celebrarlo, cosa que ocurrió en 1974. Siempre he deseado que ese concurso musical encajara aquí, pues no me imagino marco mejor. Mi carrera profesional en la radio, que se inicia en Ourense en 1968, está muy vinculada al mismo, hasta que en 1972 me vine a Vigo, pero siempre acudía a esta obligada cita e incluso lo retransmití varias veces. Aquella experiencia me permitió conocer a diversos personajes del mundo de la música y de la farándula en general, que luego reencontré en aquellas inolvidables citas del verano en Castrelos, a mi entender mucho más variadas de contenido para todos los púbicos, que generó sus propios ritos, pues era costumbre que, al salir del gran parte, se formaran unas animadas tertulias en una cafetería de la Gran Vía.

Recuerdo que me encontré por aquí alguna vez a un curioso personaje que era un alto cargo de RTVE en aquellos años setenta y que yo conociera como miembro del jurado del Festival del Miño. Controlaba mucho ese mundo, sobre todo a determinadas artistas, del sexo femenino, con las que era visible su confianza. Era habitual que de manera pública diera muestras de su familiaridad con alguna de sus amigas. Era tan evidente que, en una ocasión, en la recepción que el Ayuntamiento solía celebrar en el salón de plenos, donde el alcalde David Ferrer Garrido recibía a los y las artistas, jurados, autoridades locales y periodistas, dieron muestra de ello.

Había un famoso trío, que era el que acompañara a Massiel cuando en 1968 ganara el Festival de Eurovisión con el famoso “La La La…”. Eran tres chicas muy modernas, especialmente una morena, la menos agraciada de cara, pero la más simpática y desenvuelta, luego me las encontré por aquí alguna vez. Recuerdo que estábamos en plena recepción en el salón noble del Ayuntamiento de Ourense, y mientras el alcalde pronunciaba su discurso, el citado personaje se puso con toda naturalidad a tocarle el trasero a una de las componentes del famoso trio musical de aquel tiempo. Yo estaba en primera fila. Desde mi posición cerca del cariñoso dirigente de TVE y de la corista, que parecía encantada de la vida. Luego, en el desarrollo del festival la escena se vino repitiendo con toda naturalidad en diversos momentos del mismo. Era tan notorio que otro colega, periodista de Madrid me contó que era una cosa habitual del citado personaje con otras amigas de las que salían por televisión. Nunca se recataba, fuera donde fuera.

Aparte de este caballero, los habituales del festival sabíamos que eran frecuentes las visitas en aquellas calurosas noches de junio, visitas de unos y otras a la zona de piscina anexa, que estaba totalmente a oscuras. En aquellos tiempos, era habitual que las artistas debutantes vinieran acompañadas de su señora madre. Pero lo más curioso que viniera una artista nobel cuya mamá era más guapa, desenvuelta y garbosa que su mamá. Es por eso que siempre he pensado cómo hubiera sido el Festival del Miño de haberse celebrado en Castrelos, lugar evocador como el lugar donde se iniciara, el parque del Posío en Ouerense.

Aquel festival tenía un ciclo marcado, que empezaba con su presentación en Madrid y Oporto, la fase previa, por lo general en el Teatro Jordao de Guimaraes, donde se seleccionaba la canción portuguesa. Hasta allá iban periodistas de todas las emisoras de Galicia, los de Vigo por supuesto. El Festival de la Canción del Miño, luego Festival Hispano-Portugués de la Canción del Miño y por fin Festival de la Canción del Miño-Canción del Mundo Celta (con participación, además de españoles y portugueses, de autores e intérpretes de Irlanda, Gales y Bretaña francesa), que de los tres modos se denominó, tiene una historia que rivalizan con otros de su tiempo, como los citados de Benidorm, el Mediterráneo (éste en Barcelona) y Mallorca. Pero también en Aranda del Duero y Costa Verde (en Gijón). Al Festival nunca faltaba Lalo Vázquez Gil, que sería luego cronista oficial de la ciudad de Vigo y reconocido autor, que llegó a ganarlo con una obra en gallego, “A canción da queimada”, cuya letra era un hermoso poema. He pensado que el propio “Gorecho” hubiera sido, por su experiencia, la persona adecuada para organizar aquel u otro gran festival de verano en Vigo. Porque era un tiempo de festivales de música y a Vigo le hubiera quedado bien. Por cierto que entre las entrellas que salieron de aquel festival hubo un grupo de rapaces de Cangas, llamados “Nuevas amistades” que tuvieron una corta, pero brillante carrera.

Contenido patrocinado

stats