Aquellas historias de Vigo que nunca se contaron

Episodios vigueses

"Hace unos años, en A Coruña, se produjo un fortuito incidente que causara gran asombro en la sociedad herculina y que poco después se reprodujo en Vigo"

La ciudad de Vigo, testigo de episodios no contados.
La ciudad de Vigo, testigo de episodios no contados.

Todos los periodistas que llevamos tiempo en este oficio, contemplado ahora desde la perspectiva de jubilados, sostenemos almacenar viejas carpetas y documentos de historias que nunca se contaron y que, debidamente recuperadas, pueden poblar nuestras memorias, con la perspectiva de que estamos alejados de los personajes que protagonizaron aquellos episodios. Los hay simpáticos, anecdóticos, dramáticos, curiosos, relevantes, llamativos, expresivos y, en todo caso, descriptivos. Aquí en Vigo y en otros lugares de Galicia por donde uno anduvo, conoció a todo tipo de personajes, sobre todo en la vida política y social, incluso en los sucesos, a los que en aquel tiempo se les dio un tratamiento distinto al que tendría hoy, aunque siempre, por decoro, algunos preferíamos no ahondar demasiado en aquellas historias.

Hace unos años, en A Coruña, se produjo un fortuito incidente que causara gran asombro en la sociedad herculina y que poco después se reprodujo en Vigo, pero con distinto tratamiento. En el caso de la primera ciudad, un conocido personaje de la vida local, altísimo cargo de una empresa de servicios, se hallaba en un hotel muy céntrico con una señorita que no era su esposa, cuando a la pobre chica le sobrevino un ataque que le causó la muerte, en la propia habitación. El asunto trascendió de tal manera con los efectos que es fácil suponer, primero para el dolor de la familia de la desafortunada muchacha, y la imagen del protagonista masculino, de la que nunca se repuso.

Poco tiempo después le ocurrió lo mismo a otro conocido personaje de la vida económica y social. En este caso, el protagonista, casado con una dama viguesa muy conocida, se hallaba con su secretaria en eso que los franceses llaman una “garsoniere”, o apartamento para solteros, que en España se traduce con el castizo nombre de “picadero”. El drama personal de la chica era el mismo, pero el caballero en cuestión era de todo menos un caballero. Fue tan torpe para intentar tapar el asunto y evitar que trascendieran los inevitables trámites judiciales y policiales, cuando se produce un caso como éste, que el asunto trascendió como era inevitable. Su preocupación no era otra que su señora esposa no se enterara del asunto. A quienes nos enteramos nos causó honda impresión el caso de la chica, de suerte que pese al revuelo armado y otras características del caso se impuso el lógico tratamiento humano que el asunto requería. Es decir, ignorarlo. Más de una vez me he encontrado yo con el sujeto protagonista y con la mirada le he enviado un mensaje donde con rotunda claridad le digo la opinión que me merece.

Entre ese manojo de historias curiosas, hubo algunas que hubo que contar con sordina, debido al interés nacional. Y en este caso, los propios servicios de prensa y comunicación de un ministerio, pidieron que, en nombre del interés del Estado se tratara el asunto con delicadeza, por los efectos negativos que podrían derivarse para las relaciones de España con terceros países donde estaban en juego enormes intereses pesqueros. Hace unos años, se celebraba en la isla de A Toxa, en Pontevedra, una importante conferencia internacional de Pesca, organizada por el Gobierno del Reino de España, a la que asistían por un lado todas las naciones pesqueras y aquellas otras, sobre todo de África y América del Sur, dueñas de importantes caladeros. Los incidentes fueron de tal gravedad que se redujo simbólicamente el acto de clausura y no hubo el tradicional almuerzo.

El primer incidente se produjo en la propia organización. Algunos países del Atlántico Sur, ricos en recursos pesqueros, estaban representados por sus ministros del ramo, pero dado que muchos de ellos eran musulmanes, comparecieron con sus esposas, y alguno tenía cuatro. Eran expediciones enormes, con viceministros y otras personas cuya función se ignoraba. Dado que, en Vigo, las empresas pesqueras establecían por su cuenta acuerdos comerciales con determinadas de estas naciones, cuando el representante de alguno de ellos estaba en el mismo caso, era costumbre entretener a las esposas mediante un vale de crédito para que pasaran el día en “El Corte Inglés”. En algunos casos, los ministros y alguno de su cortejo, exigían que durante su estancia se les proveyera de una secretaria rubia, para lo cual se contrataba a través de una empresa de Barcelona el correspondiente servicio “Escort”. Acostumbrados a esos usos, en las relaciones con empresas, no con el Estado, se produjo en A Toxa el primer incidente. La organización había designado una ayudante traductora para cada ministro extranjero, que dominaba varios idiomas, pero algunos ministros africanos pensaban que además debía cumplir otros servicios. Fue muy violento y las intérpretes fueron retiradas. Aparte de ello, cada delegación de determinados países sobrepasaba los límites normales y durante su estancia en el hotel de A Toxa llevó a cabo gastos abusivos, que el Gobierno español tuvo que asumir. Y no sólo eso, porque alguna de las delegaciones, excedidas en número prolongó la estancia en la isla por encima del periodo que comprendía la invitación. El clima estaba tan enrarecido, que el Ministerio de Pesca decidió poner fin a la conferencia de manera expeditiva, propiamente sin acto de clausura ni despedida social. Hay más historias. Pero las dejaremos para otro día.

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