He hecho cine pensando en que hay un público que comparte mis gustos
El director de cine vigués Juan Pinzás presentó ayer en Vigo junto a Emilio Carlos García el libro Juan Pinzás. Un universo propio, en el que el propio García, junto a Juan Luis Hueso, Fernando Alonso Barahona y Juan Manuel de Prada analizan la obra el cineasta gallego más premiado a nivel internacional a través de 468 páginas y 600 fotografías.
Un lujazo, así describe el director de cine Juan Pinzás (Vigo, 1955), el libro-estudio que analiza toda su carrera cinematográfica, un privilegio hasta ahora reservado a las grandes leyendas del cine. El director del juego de los mensajes invisibles y La leyenda de la doncella, presentó ayer el libro en El Corte Inglés, en un acto muy concurrido al que asistió el alcalde Abel Caballero.
¿Satisfecho con el retrato que Juan Pinzás. Un universo propio ofrece de su trabajo?
Para mí es un lujo tener un libro que analice mi obra, y que cuatro grandes hayan decidido hacerlo. Han hecho un gran trabajo, cada uno enfocando y analizando desde su visión aspectos de mis películas y de mi vida. Por ejemplo, Fernando Alonso es el autor de la única biografía autorizada sobre Charlton Heston y, hablando con él, he visto las últimas cartas que Heston le escribió antes de su muerte. Por ello, es un orgullo que analice mi obra. Y lo han hecho, los cuatro, de una manera analítica y objetiva, no es un libro de elogios y no siempre opinan lo mismo. Creo que, independientemente de lo demás, es un buen libro sobre cine y para los amantes del cine, en el que se habla de rodajes, producción, financiación, dirección de actores y todo lo que rodea a la filmación de una película.
La historia comienza a principios de los 80, con usted intentando hacer cine.
Es una época muy bonita, muy lejana aunque, por otra parte, me parece que fuese ayer. Yo quería hacer cine, lo tenía claro, aunque aún estaba dudando entre director o actor. Empecé con los Super 8, un cine amateur, la única forma de aprender entonces. Tenía que tomar decisiones muy serias y me fui a Madrid con mis primeros cortos en 35 milímetros bajo el brazo y una idea de un guión para un largometraje. Allí encontré a Ismael González, un productor gallego, que, bueno, no me produjo, pero me contrató como ayudante de dirección y luego fue el productor de mi primer corto profesional, Opus I Homo Hominis. Luego volvía a Vigo y rodé veinte cortos más en 35 milímetros. Era como una escuela para el cine profesional.
Es una época en la que no existe aún la TVG.
Sí, cuando apareció, en el año 1985, yo estaba rodando mi primer largometraje, y la TVG, como todas las teles, ha servido a la producción de cine. En este sentido, entonces no existía nada en Galicia, y yo quería vivir del cine y me preguntaba si podría hacer algún día películas largas. Con ese entusiasmo, creo que me he hecho mi hueco, mi parcela, en esto del cine.
Haciendo balance, ¿algún arrepentimiento, alguna escena que borrar?
Una película es irreversible, ya no se puede manipular el negativo. Asumo mi obra tal como la he hecho y creo que he sido siempre honesto. Rectificar es para las siguientes aunque, aunque hay cosas que puliría. He hecho un cine pensando en lo que me gustaría ver a mí y que hay un público con mis mismos gustos, no pensando en la taquilla. Nunca me he vendido.
En Estados Unidos también interesa el cine de autor, lejos del de masas
Es una de los directores españoles más internacionales sin necesidad de repartos como los de Coixet o Amenábar.
Ellos trabajan con majors, grandes productores y superproducciones. A mí no es lo que me gusta, no me apetece. Sí he recibido el premio de la ASociacion de Críticos de Nueva York en 2002 (mejor director) y 2006 (premio extraordinario del cine, que no tiene ningún director español) porque mis películas son distintas, y lo distinto, más intimista, más de autor que el cine de masas también interesa en Estados Unidos. En ese sentido, Almodóvar nos ha abierto las puertas a muchos, porque él si hace un cine personal.
Usted ha sido el único representante español del Dogma, ¿qué queda de él?
El Dogma no ha muerto, se ha acabado una etapa histórica y todo acaba en el desenlace como dicen sus creadores daneses, pero deja un poso y unas enseñanzas. La manera de hacer cine ha cambiado, e incluso en superproducciones se puede ver la huella Dogma, sea de forma consciente o inconsciente.
La película que prepara, ambientada en Vigo no es Dogma.
No, se acabó con la trilogía (Érase otra vez, Días de boda y El desenlace). La sombra de Nueva York, que comenzaré a rodar en marzo, es un drama de misterio e intriga, sobre un hombre que vive desde hace tiempo en Nueva York, y vuelve a su ciudad, Vigo, impulsado por algo grave que ha ocurrido en su pasado. Hay también una mujer, que lo sigue a Vigo, que representa un 90% del rodaje, frente al inicio que se hará en Nueva York. Es una película en la línea de David Lych, con un toque onírico, algo fantástico.
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