Hace veinte años ya de la desaparición del Grupo de Empresas Álvarez

EPISODIOS VIGUESES

Vanosa y Alvarez
Foto de Magar
4-7-1990
Vanosa y Alvarez Foto de Magar 4-7-1990

El tiempo no se detiene. Hace ya 20 años que desapareció el Grupo de Empresas Álvarez. Todavía salen a mi encuentro hurgando en el archivo fotos de aquellas visitas a las que íbamos los periodistas en diversas épocas. Recuerdo que, en una ocasión, cuando nos mostraban la vajilla para El Pardo, casi rompo una salsera. Luego, cuando adquirió la empresa el INI con Sodiga nos convocaron varias veces para exponer los programas de esperanza salvadora de aquella parte esencial de la historia industrial de Vigo. Estuve presente cuando un ejecutivo procedente Segarra, la fábrica de calzado, nos presentó el plan del Estado para salvar el grupo. Otro día cuento una anécdota sobre Franco que me contó este personaje que le llevaba personalmente el calzado de serie que usaba el caudillo.

La crónica de aquel gran grupo anotó disponer de nueve fábricas y 4.200 trabajadores, pero el comienzo del fin se debe a un error táctico, su propia red de tiendas. Llegó a tener treinta y seis, pero como estos establecimientos hacían la competencia en su propio espacio a sus propios clientes del producto manufacturado, los grandes almacenes que adquirían grandes cantidades de sus productos dejaron de comprarlos, una de las primeras empresas que lo hizo era “La Gran Bretaña” de Lugo, a la que siguieron otras de toda Galicia. Pero hasta este revés, el crecimiento de la empresa fue exponencial y abrió mercados en el Reino Unido, Suecia, Holanda e incluso exportaba a Estados Unidos, Australia o Canadá.

Los periodistas de mi tiempo conocimos y entrevistamos a Moisés, el último gran patrón de aquellas empresas. Pero el origen, como otras grandes aventuras creadoras de su tiempo está vinculado a la aventura de un emigrante a Cuba, Manuel Álvarez Pérez, un paisano de Gomesende (Ouerense), su padre. Muy joven se buscó la vida en un momento de gran expansión de la isla a la que llega con 18 años en 1891. Contrae matrimonio con Clara O'Farrill con la vive muy modestamente, y de su numerosa prole sólo van a sobrevivir cuatro. Su primer negocio fue un aserradero. Con alguna fortuna vuelve a Vigo, tras la primera guerra mundial en un momento de especial crecimiento de la actividad industrial de la ciudad. Tras diversos avatares, nuestro personaje va a descubrir en un viaje a Alemania las posibilidades de negocio de la loza y la porcelana y con otro socio, Manuel Rey, funda, la empresa Álvarez y Rey, S.L., que importa y vende productos de porcelana y cristal. Poco después los socios se separan y nace, por fin Manuel Álvarez e Hijos, S.L. (MAH). El padre será el socio capitalista, y sus hijos Manuel y Moisés, socios industriales.

El proceso de fabricación comprende poco a poco vidrio, cerámica, loza, con líneas que alcanzarán gran fama por su decoración. En ese sentido conocí a algunos de estos profesionales que eran verdaderos artistas. También conocí a ex prisioneros de guerra republicanos que llegaron a formar parte de la mano de obra contratada y a ex trabajadores que acabarían padeciendo la terrible silicosis, consecuencia de la escasa atención que se prestaba a las condiciones de los talleres en aquellos años de la posguerra civil. La empresa fue creciendo y creando nuevos centros y líneas de producto.

En 1941 nace Porcelanas Santa Clara, dentro de las instalaciones de Cabral, con las marcas Royal China y Casablanca, y el complejo sigue creciendo hasta 1951. La empresa sobrevive a las limitaciones que imponía la autarquía y existía la leyenda de que gozaba de especial protección por parte de Franco. En 1973 la plantilla de la empresa era de 4.200 trabajadores, pero se arrastraba un endeudamiento crónico, lo que se agravó por las pérdidas ocasionadas por las huelgas de septiembre de 1972. Cuatro años después, el Gobierno acuerda intervenir el grupo y el INI y Sodiga adquieren el 45 por ciento de las acciones, y el resto es asumido por varios bancos y la Caja de Ahorros de Vigo, pero la familia conserva el 29 por ciento. Ni la sucesiva gestión de empresarios del sector ni la experiencia de la Sociedad Anónima Laboral salvará el desastre que concluye en 2002. Pero todavía hoy la loza, la porcelana y el vidrio de Álvarez son piezas codiciadas y valoradas de una época notable de nuestra historia industrial.

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