Gervasio, el primer africano que es párroco en Tui-Vigo: “Estoy feliz”

Originario de Costa de Marfil, tomó posesión este domingo como responsable espiritual de cinco comunidades rurales de Ponteareas 

Publicado: 12 mar 2025 - 07:15 Actualizado: 12 mar 2025 - 10:29
Gervasio, de Costa de Marfil, ante la iglesia de Arco, que atiende en Ponteareas.
Gervasio, de Costa de Marfil, ante la iglesia de Arco, que atiende en Ponteareas. | J.V. Landín

Natural de Costa de Marfil, Gervais Kpan Gbalia, conocido como Gervasio, es el nuevo párroco de cinco parroquias rurales de Ponteareas: San Fins de Celeiros, Santo Estevo de Cumiar, Santiago de Oliveira, San Lourenzo de Oliveira y San Breixo de Arcos, donde tiene la casa rectoral. En total, 1.271 vecinos.

Este domingo tomó posesión y ofició las primeras homilías a su nueva comunidad. Con 38 años de sacerdocio, es el primer párroco africano de la diócesis de Tui-Vigo, función que ya desarrolló en su país natal y en Francia, además de impartir clases en el seminario mayor de Man. Asegura estar feliz con su nuevo destino: “En San Fins vinieron a recibirme todos los feligreses y tiraron cohetes como si fuese una autoridad. Me encantó, me encuentro en muy buenas manos aquí y voy a hacer lo posible para responder”.

También su residencia, la casa del cura de Arcos, es un punto a favor. “Estoy un poco perdido, porque es muy grande, pero está junto a la ‘selva’ y me encanta; le agradecí al obispo que me facilitase este alojamiento, bromeando le dije que cuando vaya a mi país voy a volver con flechas para cazar, porque hasta se ven animales de vez cuando” (risas). 

Con el permiso de su obispo en África y animado por su amigo personal y formador en la Universidad de Navarra, Ángel Marzoa, también párroco en Ponteareas, aceptó el puesto de titular, tras colaborar este verano en Santiago de Vigo. Lo que más le cuesta es atender la dispersión. “El servicio de un párroco es el mismo en cualquier país, el cuidado de las almas, eso no cambia; en África atendía a 30 o 40 pueblos, aquí solo tengo cinco, pero cada aldea quiere que el sacerdote vaya a celebrar misa en su parroquia y aunque la gente no es muy practicante, tengo que desplazarme por cuatro fieles. En mi país no es así, los vecinos se mueven hasta diez kilómetros para ir al pueblo en el que habrá misa, no tienen coche, van andando, cantando y se quedan a comer allí”. Gervasio espera que sus parroquianos acaben por adquirir esta costumbre. “Las misas no tendrían que ser tan breves, ni yo iría tan rápido y podría contar con más tiempo para atender a los fieles”.

Sus estudios en Pamplona le facilitaron el aprendizaje del castellano, además hablar francés y su idioma materno, pero advierte que no puede dar las misas en gallego. “Solo con verme, un cura negro que viene de África, la gente tiene que entender que no me lo pueden exigir, no hay que quedarse con si los oficios son en español o en gallego, eso no es lo importante, nos entendemos y el mensaje que debemos reivindicar es que Cristo dio la vida por nosotros”. No cree que tenga problema de comunicación con los vecinos, “la gente mayor también habla español”. Aunque asegura que con las obligaciones de la pastoral tenga tiempo para ir a clases durante los seis años que dura el contrato, pero no descarta “aprender alguna palabra que favorezca la cercanía”.

Gervasio, en San Breixo de Arcos, una de las cinco parroquias rurales que lleva en Ponteareas.
Gervasio, en San Breixo de Arcos, una de las cinco parroquias rurales que lleva en Ponteareas. | J.V. Landín

De familia musulmana

Siempre que celebra la misa encomienda a Dios a sus padres, ya fallecidos. Ambos eran musulmanes, pero todos sus hijos procesaron la fe católica y dos de ellos se ordenaron sacerdotes. “Mi padre decía que la religión se vive desde la libertad, él me acompañó a la catedral el día que hice mis votos, la costumbre dice que la familia debe entregar al hijo al obispo. Fue con la bendición de mis padres”. Su contacto con la Iglesia católica comenzó en el seminario al que entró para seguir sus estudios. “Yo no sabía muy bien ni qué era eso de ser sacerdote, pero Dios llama por caminos distintos. Al principio, mi padre estaba un poco sorprendido cuando le dije que quería ser cura, le preocupaba lo de no tener casa, ni hijos, ni sueldo, se preguntaba qué tipo de trabajo iba a tener”.

Mientras en su país no hay falta de vocaciones y “tener un hijo sacerdote es un acontecimiento, un orgullo”, en Europa escasean. “Costa de Marfil fue colonia francesa y los obispos de Francia piden cada año tres o cuatro curas para atender las parroquias. En los países desarrollados, la sociedad se va olvidando de Dios y no se dan cuenta de que todo lo que tienen es por Él, además hubo muchos escándalos en la Iglesia. En África se vive más la fe, hay más practicantes”.

Cuando le pidió permiso a su obispo para venir a Galicia, se lo concedió. “En Costa de Marfil hay muchos sacerdotes y es habitual ayudar a los que no tienen”.

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