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“Mi manera de hacer fotografía tiene que ver con mi forma de estar en el mundo. Yo no elegí lo que quería ser. Uno se va reinventado según coincide con una persona o con otra”. Nacho Alonso habla así de su modo de entender la fotografía. Ignacio Pérez-Jofre firma con Alonso el libro “El mono de los mil días”, donde uno escribe y otro ilustra una crónica muy personal que comienza: “A los 17 años estaba técnicamente enganchado a la heroína. A los 21 mi novia se compró una cámara y empecé a hacer fotografías”.
“Creo que la adicción y la afición a la fotografía van unidas. No creo que haya que subrayar la dependencia de la droga, aunque es cierto que mi trabajo nace de mi vida en los márgenes. Mi fotografía está muy influenciada por esos mundos laterales. Tengo amigos yonkis que no hacen fotos, que no pintan cuadros, pero tienen matrícula en experiencia vital”. Nacho Alonso asegura que la necesidad de expresar lo que experimentaba y lo que sentía consiguió satisfacerla con la fotografía. “La cámara fue mi mejor aliada, muchas veces en medio de la nada, me preguntaba qué hacía allí y el hecho de sacar una fotografía le daba sentido a mi vida. Pero hay grandes artistas sin obra”.
Pese a estar en un mundo rodeado de teléfonos móviles con cámaras, Nacho sigue fiel a la cámara analógica, tanto en color como en blanco y negro. “Sigo revelando yo, me gusta reivindicar el trabajo artesano, me gustaría serlo más de lo que soy”. Seleccionó imágenes salidas de su teleobjetivo para acompañar el texto que escribió Pérez-Jofré sobre su experiencia. “No son ni las mejores, ni las peores, son las que trasladan a ese lugar”.
Se conocieron en una exposición en El Halcón Milenario, donde Pérez-Jofré, profesor en la facultad de Belas Artes, quedó impactado por la fuerza de sus imágenes. Lo invitó a hablar ante sus alumnos y a continuación iniciaron un experimento conjunto. En 2014 comenzaron a grabar entrevistas y de ahí salió un escrito, al que volvieron una y otra vez. “Editamos varias veces, con el paso del tiempo había cosas con las que ya no me reconocía, no me sentía cómodo y las quitábamos, es el resultado de un proceso”, dijo Alonso.
Ayer, ambos presentaron la publicación en el espacio de arte SVT. Publicado por Solar de Edicións, Pérez-Jofre presenta “El mono de los mil días” como “una crónica, una narración de no ficción sobre la fotografía y la adicción”. Ni uno, ni otro quieren adentrarse en la adicción a las drogas, en sí la fotografía ocupó su lugar. “Lo que ocurre tras el libro no forma parte de la narración”, apunta el autor y añade que “no está pensado como un manual para dejar el consumo de las drogas, ni como una apología de ellas. Expone una realidad en torno a dos principios: la evasión y la destrucción frente a la creación y la construcción”.
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