La fiebre por La Roja, el revulsivo para los manteros de Vigo
Las ventas de camisetas no oficiales se dispararon durante el Mundial y se prevé un nuevo repunte con la Liga de Naciones
El furor desatado por la selección española de fútbol tras su victoria en el último Mundial desbordó las previsiones de venta de las camisetas oficiales, con cerca de cinco millones de equipaciones vendidas, pero también de las no oficiales. Los manteros y ambulantes de la ciudad hicieron durante la competición su particular agosto, que se extendió al conseguir las segunda estrella. Ahora, las cosas se han calmado, pero el tirón de La Roja, que volverá al terreno de juego este mes con la Liga de Naciones, se mantiene.
“Sí vendieron mucho, venía gente buscando camisetas de La Roja”, explicaba uno de los manteros de A Laxe, natural de Ghana, y que, aunque no se dedica a las camisetas comparte espacio con los que sí lo hacen. A los que las ofertan todavía les cuesta reconocer públicamente lo bien que les fue durante el Mundial. Uno de los vendedores senegaleses, que apenas habla español, primero lo niega “poco, poco”, y después admite con una medio sonrisa que sí, que en la final había mucha demanda. Y explica que, la esquipación blanca, con el dorsal de Lamine Yamal, fue la más solicitada. “Es el mejor”, señala.
Ahora, las ventas se han estancado. En eso coinciden todos, aunque confían en un repunte con la nueva competición. “Sí, ahora empieza otra vez, y quizá haya más ventas”, explica otro vendedor quien señala, no obstante, que “estas camisetas no son las que quiere la gente". No son las oficiales pero el precio, a 20 euros, ha sido el principal atractivo para quienes querían vestirse de la selección aunque fuera solo para animar a La Roja en la final. De hecho, en los días previos al encuentro con Argentina, llegaron a venderse a 30 euros, porque había pocas existencias, explican en la zona.
La victoria además movilizó la maquinaria de las falsificaciones y réplicas para tener la nueva equipación con dos estrellas, que llegó antes al público que la oficial. Según cuentan hubo más ventas en otras zonas como Samil o Coia, mientras que en A Laxe, la mayoría ofrece sombreros o bolsos para los cruceristas. “Ahora los que llegan a Vigo son personas mayores y esas no compran como los jóvenes". Dicen que también notan en los propios comercios del alrededor el cambio de perfil de turista al estar el verano en su recta final.
En Vigo, el mercado de las falsificaciones es prácticamente residual. Los manteros, la mayoría procedentes de Senegal, se reparten por la ciudad intentando conseguir algo de dinero con sus ventas tanto en verano como en invierno, donde los paraguas o calcetines son los principales productos.
Ellos son el eslabón más débil de quienes manejan el mercado de las falsificaciones. “Llevo unos meses en la ciudad y no tengo donde vivir, ahora estoy en un hostal”, contaba uno los vendedores que afirmaba que “esta no es mi profesión real” y tampoco se quedará en Vigo mucho tiempo. Sobre lo que está ocurriendo en Ceuta con los inmigrantes que salieron de Marruecos, otro de ellos señala que “es normal que quieran buscarse un futuro mejor, pero no así, no de esa manera”.
En A Laxe hay un buen número de jóvenes que llevan apenas unos meses en España. Coinciden en que es un país donde, en general, la gente se porta bien con ellos, e inciden en que “solo queremos trabajar”.
Durante la celebración del Mundial, la Policía llegó a intervenir 66.000 equipaciones falsificadas ocultas en almacenes en un macrooperativo por toda España que derivó en la detención de casi un centenar de personas. Esas 16 toneladas aprehendidas fueron interceptadas antes de introducirse en el mercado ilegal. Aun así, los canales con mayor flujo de trasacciones de réplicas se situaron por internet, donde el público mayoritario se situaba por debajo de los 23 años, frente al de más edad por su poder adquisitivo.
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