La fe de Vigo todavía pasa por este mostrador

Abadía de Campos mantiene desde 1993 un comercio singular en la ciudad

Jesús Campos, fundador de Abadía de Campos y Reyes con los artículos religiosos del establecimiento.
Jesús Campos, fundador de Abadía de Campos y Reyes con los artículos religiosos del establecimiento. | Vicente Alonso

Durante más de treinta años, Jesús ‘Suso’ Campos ha visto pasar por Abadía de Campos generaciones de vigueses en busca de un rosario, una medalla, una estampa o la imagen de un santo. La tienda, abierta en 1993 como un pequeño negocio de productos monásticos acabó convirtiéndose en un comercio especializado en artículos religiosos. Hoy las ventas a particulares ganan peso y Campos sostiene que la fe no ha desaparecido, “simplemente se ha vuelto menos visible”. Cuando necesita demostrarlo, mira al Cristo de la Victoria.

Suso comenzó vendiendo productos elaborados en monasterios, hasta que los sacerdotes de Vigo empezaron a pedirle artículos religiosos. Aquellas primeras peticiones terminaron transformando el negocio y más de tres décadas después, la tienda mantiene la religión como razón de ser.

La principal transformación no está en las estanterías, sino en quienes acuden a ellas. En los primeros años, alrededor del 80% del negocio dependía de parroquias e instituciones religiosas. Actualmente, el reparto se aproxima al 50% entre Iglesia y particulares. No porque las parroquias hayan dejado de comprar, sino porque el público particular ha aumentado considerablemente.

Las imágenes y estampas de santos siguen ocupando un lugar destacado.
Las imágenes y estampas de santos siguen ocupando un lugar destacado. | Vicente Alonso

Si en sus comienzos podía haber alrededor de un centenar de referencias, Campos calcula que ahora manejan entre 500 y 600. Pese a la progresiva secularización de la sociedad, asegura que no identifica ningún producto cuya demanda haya desaparecido. “Lo único que te puedo decir es que está a más”.

Esa evolución le lleva a plantearse la relación entre la religión y la sociedad actual. “La gente parece que pierde la fe, sin embargo, acude a los santos”. Suso duda incluso de que exista una contradicción. Quizá se trate de “una fe oculta”, menos visible que antes, pero todavía presente.

Para él, la multitudinaria devoción al Cristo funciona como una respuesta a quienes consideran que la fe ha desaparecido de la ciudad. Reconoce que la industrialización y el carácter cada vez más cosmopolita de Vigo han cambiado la manera de vivirla, pero sostiene que existe un vínculo que continúa atravesando generaciones. “Vigo mantiene la fe en el Cristo de la Victoria y mientras se mantenga la fe en el Cristo, esta no desaparecerá de su pueblo”.

Tres décadas detrás del mostrador también han dejado un particular catálogo de anécdotas. Algunos clientes llegan preguntando por figuras que ni siquiera él logra situar. “Santos que no sabes ni si existen en el santoral, si es una cosa de brujería o yo qué es”.

Reúne entre sus 500 y 600 referencias desde rosarios y medallas hasta prendas y artículos destinados a sacerdotes.
Reúne entre sus 500 y 600 referencias desde rosarios y medallas hasta prendas y artículos destinados a sacerdotes. | Vicente Alonso

Pese a la transformación del establecimiento, Campos ha querido conservar una parte esencial de sus orígenes. Las pastas elaboradas por las benedictinas de Mañón continúan presentes desde los primeros años y otros dulces monásticos que regresan durante la campaña navideña. No es únicamente una cuestión comercial, “no quiero perder el origen, perder la idiosincrasia del primer amor”.

Mantener abierto durante treinta y tres años un negocio de estas características tampoco ha sido sencillo. Cree que muchas tiendas tradicionales desaparecieron cuando llegó el momento del relevo generacional. “Este tipo de tiendas cuesta montarlas, cuesta criarlas y cuesta ponerlas en funcionamiento”. Lo resume sin rodeos, “se murieron los viejos, así de claro”.

Abadía de Campos, sin embargo, ya ha afrontado ese relevo. Dos miembros de la familia regentan actualmente el establecimiento. Suso se ha jubilado, aunque continúa vinculado a la tienda y a ese mostrador desde el que ha visto cambiar una ciudad entera, “estoy jubilado, pero no estoy retirado”.

Cada verano, cuando el Cristo de la Victoria vuelve a sacar a miles de personas a las calles, Campos encuentra la misma explicación para que su tienda siga teniendo sentido. “La forma de mostrar la fe puede cambiar, pero las raíces son mucho más difíciles de arrancar”.

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