Faraday, un vistazo a la ETEA del 2001

El tiempo se detuvo en el principal edificio de la antigua escuela militar, cerrado a cal y canto desde hace 25 años

La zona de oficinas todavía tiene el colorido de las paredes y de las molduras de madera, una de las mejor conservadas.
La zona de oficinas todavía tiene el colorido de las paredes y de las molduras de madera, una de las mejor conservadas. | Vicente Alonso

La ETEA llegó a su fin como escuela militar en 2001, año en el que el Ministerio de Defensa abandonó las instalaciones, ‘cerrando’ una parte de Teis a la ciudadanía. Desde entonces, aunque la plaza es accesible al público desde 2008, todos sus edificios quedaron cerrados a cal y canto y apenas sufrieron actos vandálicos ni fueron allanados. Se convirtieron, por tanto, en una especie de cápsulas del tiempo que sólo el paso del mismo y las inclemencias del tiempo han conseguido alterar.

A pesar de que está en estado ruinoso como el resto, el edificio Faraday –el principal inmueble de la ETEA–, que preside la Plaza de Armas con una disposición diagonal, es el que mejor se conserva de la antigua escuela militar. En su momento acogía la residencia de los oficiales, pero también estaba dotado de aulas e incluso un salón de actos, haciéndolo un inmueble prácticamente único en el recinto militar.

La UVigo es propietaria del Faraday desde 2017 y cuando acceda al edificio para rehabilitarlo, podrá echar un vistazo al 2001, ya que a día de hoy todas estas dependencias siguen casi intactas, pero muy deterioradas por el abandono de hace 25 años. El mobiliario de muchas de las habitaciones está apilado en espacios comunes y en ellos todavía se aprecian calendarios y todo tipo de documentos de cuando la escuela militar estaba en funcionamiento. Toda una ventana a cómo era la ETEA a principios de siglo antes de que fuese abandonada por el ejército. Las cámaras de seguridad y las cajas fuertes figuran abiertas de par en par e inutilizadas, aunque resulta imposible saber si así las dejaron los antiguos ocupantes o si fue obra de delincuentes que intentaron entrar a robar.

Un pequeño jardín interior se esconde entre las paredes del Faraday.
Un pequeño jardín interior se esconde entre las paredes del Faraday. | Vicente Alonso

La zona de oficinas quizá sea la mejor conservada del inmueble: las molduras de madera de la pared conservan sus colores vivos y algunos letreros permanecen intactos. El pequeño torreón donde se encuentra el reloj todavía es accesible, pero es uno de los lugares más afectados por las inclemencias meteorológicas, lleno de humedades y con el tejado prácticamente podrido por dentro.

Dentro del Faraday se puede ver uno de sus secretos mejor guardados: un pequeño jardín interior con una fuente escultural que, desafortunadamente, lleva 25 años abandonado y ya se asemeja más a una selva.

Vestigios del pasado en un teatro en ruinas

El teatro del edificio Faraday hacía único este inmueble, ya que tenía uno de los pocos espacios dedicados al esparcimiento de toda la escuela militar –el resto de edificios eran principalmente barracones o aulas–. Y aunque su estado es ruinoso a día de hoy, todavía es accesible y se puede vislumbrar toda su estructura, que contaba con un gran patio de butacas y un anfiteatro. La disposición del escenario anima a pensar que, además de celebrar actos de todo tipo, en este salón de actos también se proyectaban películas.

El escudo de Vigo, el escudo franquista y el escudo de la Armada en la planta baja del teatro.
El escudo de Vigo, el escudo franquista y el escudo de la Armada en la planta baja del teatro. | Vicente Alonso

En la planta baja del teatro se puede ver, además, una disposición muy particular de vidrieras: una con el escudo de Vigo, otra con el escudo de la Armada y otra con el que es uno de los últimos escudos franquistas –con el Águila de San Juan– que quedan en la ciudad. Cuando se acometa el derribo del edificio para dedicarlo al Campus do Mar, quedará por ver si estas vidrieras son algunos de los elementos arquitectónicos que se deben conservar. En el caso del IES Santa Irene, por ejemplo, Patrimonio no permitió destruir el escudo franquista que coronaba la torre del reloj y lo acabaron cubriendo con metacrilato.

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